1. (4) Reflexiones sin bragas


    Fecha: 03/11/2018, Categorías: Lesbianas, Gays, Autor: Mister Neron, Fuente: CuentoRelatos

    Debía ser la única aburrida en la fiesta porque a su alrededor solo habían chicas correteando desnudas, música techno a todo volumen y mucho desfase de cerveza, sexo y baile. Pero Ingrid Abascal solo tenía cuerpo y mente para su madre. Aún recordaba la última vez que la vio antes de fallecer de cáncer terminal. Su cara estaba pálida y su cuerpo esquelético a causa de la fuerte quimio. Y lo peor es que solo había pasado una hora del entierro. Ni siquiera sabía qué hacía en aquél chalet adosado, quizá quería olvidar cogiendo una buena borrachera o simplemente morir y dejar de sentir ese pozo negro en su interior. Miró la hora. Las dos de la madrugada. Seguramente su familia la estaría buscando, pero ya le daba todo igual. Era lo único que llevaba encima. El reloj. Su total desnudez era el principal requisito de aquella fiesta. Fuera ropa y fuera vergüenza. Le dio por subir por las escaleras y ver qué se cocía en el segundo piso. Aquí presenció más desnudos, más borracheras y más orgasmos saliendo de habitaciones cerradas, pero había una en especial donde había una cola de 15 chicas. A Ingrid le intrigó. Y se puso la última en la fila. De reojo se fijó cómo las 15 chicas se estimulaban el clítoris y encharcando el suelo de flujo. Muchas de ellas se corrían en los dedos y preferían irse, por eso Ingrid adelantó siete puestos. Detrás de ella ya había otras cinco chicas. Todas desnudas y todas con la mano en los bajos. Se abrió la puerta y salió una para entrar otra. Así varias ... veces. Hasta llegar el turno a Ingrid. De ver tanto coño mojado, ella iba puesta sin necesidad de frotarse. Salió una chica acalorada y encantada, e Ingrid entró sin saber lo que se encontraría. Lo primero que notó fue un olor a coño sucio y sudor seco. Luego le vino ese calor pegajoso, parecido al clima veraniego. Y lo notó en la planta de sus pies: diferentes charcos de flujo por el parquet del suelo, que se mezclaban con un hedor insoportable. Ingrid debía ir con cuidado de no resbalarse y caer. También pisó con asco unas bragas manchadas de regla y papel higiénico usado y esparcido por el suelo. Fue cuando la vio. Cupido acertó con su flecha al presenciar a la chica más hermosa que había visto en su vida. Pese a estar pringada de sudor y de oler a sexo, eso no quitaba su hermosura de 21 años. -¿Pasas o sales? –lo dijo Ana Etxeberría en tono burlón. La esperaba en una cama desaliñada, con las sábanas manchadas con muchos restos de fluidos femeninos y un único foco de luz en una lamparilla. -Perdón –se acercó Ingrid a la cama. Su vulva goteaba y Ana sonrió halagada al percatarse-. ¿Y ahora qué hacemos? Dímelo tú. -No sé… -Te veo un poco despistada. ¿Sabes por qué estás aquí? -Sí… bueno, no… Ana rió: -Me viene bien esto después de follar 20 veces seguidas. Me relaja los músculos de la vagina. -¿Eres puta? -¿Y tú? ¿Qué haces por aquí? Tienes el coño estrecho de follar tan poco. -Es una larga historia. -No te veo muy convencida de estar aquí. ¿Tan fea soy? –puso un pucherito ...
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