1. África profunda. Muy profunda


    Fecha: 07/11/2018, Categorías: No Consentido Hetero Autor: Ícaro_libre, Fuente: CuentoRelatos

    inesperado de tribus agresivas, el que había dejado varios heridos. La duda se instaló entre nosotros. No era de noche, pero en menos de tres horas oscurecería. Por otro lado, esperar hasta el día siguiente, podría significar la muerte de una cantidad indeterminada de heridos. Finalmente, Roberto, decidió que asistiríamos a los heridos, trasladando a la base a los más graves, y volviendo mañana para asistir a los que no pudiéramos traer. Del mismo modo, decidió que yo no iría y que esperaría su regreso. No sabía cómo tomar su determinación. Acaso como una caballerosidad absurda o una estrategia de atención para auxiliar a los heridos cuando llegaran. Como fuere, algo de mi orgullo se lastimó y algo de mi sentido de supervivencia se calmó, dado que la situación, objetivamente, era de riesgo. Llegaron los muchachos a la aldea, en la que, según supe, hubo muchos heridos, casas quemadas y algunos muertos. Y subrayo: "según supe”, porque esa información me la dieron los soldados que atacaron a esa aldea, cuando llegaron al campamento y me encontraron, sola. Vinieron en sus camionetas. Eran cerca de cuatro o cinco vehículos. Fuertemente armados, gritando y golpeando a quien se atravesara frente a ellos, hasta que llegaron hasta mí, preguntando por el médico. El líder del grupo, estaba herido de bala en la pierna izquierda y necesitaban ayuda para él. No era mi intención colaborar con los agresores, pero consiente de mi frágil posición, me dispuse a ayudar. Uno de los tipos que ...
     daba las órdenes, me tomó del brazo y zamarreándome con fuerza me empujó hasta el auto donde estaba el herido. Al verlo, por la conversación que tuvieron, pude darme cuenta de que era su padre, o algo así. Con solo tocarlo, se retorció de dolor, e inmediatamente, el salvaje me tomó del brazo nuevamente. No sé qué pasó por mi cabeza en ese instante, pero de un palmazo saqué su mano de mi brazo, y con una mirada adusta, le di a entender que no molestara. Eso pudo costarme la vida, sin embargo no fue así, al contrario, una suerte de respeto se instaló entre él y yo. Se trataba de una herida de bala con salida de proyectil, dolorosa, pero no grave. Lo lavé, lo cosí como pude, lo vendé, y le di antibióticos y sedantes. El trabajo estaba terminado y esperaba que se fueran, pero no fue así. El nativo que llevaba la voz cantante, me miraba con expresión agradecida y por desgracia quiso agradecer más de la cuenta. A una orden suya me llevaron a una zona aislada, detrás de unos arbustos. Los soldados se retiraron dejándonos solos. Quiso tocarme. Me opuse con la mejor determinación que tenía, pero él casi me levantó del suelo con una mano. Resistirme, ocasionó que se me desgarrara la blusa, lo que no pareció importarle y la continuó jalando hasta romperla, quedando solo cubierta con mi brasiere. En ese momento, hubiera querido que mis amigos me ayudaran, pero estaban lejos, así que decidí cooperar con el nativo, pensé que si quería seguir con vida debía obedecerle aunque eso incluyera que ...