1. África profunda. Muy profunda


    Fecha: 07/11/2018, Categorías: No Consentido Hetero Autor: Ícaro_libre, Fuente: CuentoRelatos

    mirada recorriéndome. Mis piernas comenzaron a temblar pues sabía lo que me esperaba. Se arrodillo detrás de mí y colocó su miembro justamente en medio de mis glúteos. Pude sentir que estaba caliente y resbaloso con sus jugos, mientras comenzaba a humedecerme. No sé por qué, pero la situación en la que me encontraba, de peligro, expuesta, sumisa, dándole a un desconocido, lo que mi ex novio cobardemente rechazó, hizo que me excitara lo suficiente como para no encontrar tan terrorífica la experiencia que estaba viviendo. Lentamente fue metiendo la cabeza de su pene, hasta que de pronto se detuvo, y de un golpe se introdujo hasta que su punta tocaba mis entrañas. Me sentía completamente llena con aquel enorme pedazo de carne, al tiempo que, con la cara apoyada en la tierra, no podía moverme por la sensación de estar siendo empalada por una bestia; sin darme cuenta tenía la boca abierta, jadeaba y emitía quejidos cada vez que el nativo empujaba su pene dentro mío. Continuó así unos minutos para después acelerar su ritmo, sacando su pene sin que saliera más de la punta y volviéndolo a meter hasta el fondo, cada vez más rápido, cada vez más más brusco. Mis nalgas rebotaban con cada arremetida que me daba y mis tetas se movían de un lado a otro. El nativo me agarro de la cintura y empezó a meter y sacar más fuerte su miembro. Comencé a sentirme débil, apenas me podía sostener y me estaba excitando cada vez más, hasta que sin darme cuenta un espasmo recorrió mi cuerpo. Continuaba ...
     sacando y metiendo su miembro, prolongando su placer al máximo, mientras me encontraba sostenida en vilo, sostenida casi únicamente, por la fuerza tensión de su verga. No me di cuenta cuanto tiempo siguió su ritmo, cuando sentí que apretaba con fuerza mi cintura y un líquido caliente me inundaba por dentro; el nativo emitió un gemido ininteligible, estremeciéndose por completo, sus manos temblaron y apretaron con mucha fuerza mis nalgas. Al rato me soltó y sacando su enorme pene, el semen comenzó a escurrir lentamente por mis muslos. Rápidamente se puso de pie, sacudió su verga tirando algunas gotas de esperma sobre mi espalda, y se retiró caminando para unirse con los tipos que lo esperaban. Yo continuaba en la misma posición, ahora rogando que no volviera y con el temor que viniera el resto de la tropa a abusar de mi. A lo lejos escuché el ruido de un motor que se alejaba. Me levante lentamente, con mis piernas adoloridas y embetunadas en semen. Me tapé como pude, y hui hacia mi habitación. Me aseé, me cambié de ropa y compuse mi estado de ánimo lo mejor que pude. Al rato llegó el resto del equipo. No llevaron heridos, ya que al parecer, extrañamente, nunca hubo tal ataque, o bien fue en otro lugar. Después de este episodio, no se volvió a presentar la tribu agresora. No en nuestro campamento al menos. Después se unos meses, decidí volver a casa. Definitivamente, la experiencia fue mala. No la quise, ni la busqué. Pero recordar mi capacidad para enfrentar esa situación, me ...