1. GILDA


    Fecha: 24/11/2018, Categorías: Dominación Autor: lib99, Fuente: RelatosEróticos

    –¡Qué buena está! En la enorme pantalla Rita Hayworth cantaba y se contorneaba dentro de un universo en blanco y negro al ritmo de “Put blame on mame”, agitando su melena de fuego, al tiempo que con inimitable sensualidad se desprendía de un guante. –Te gusta, ¿eh? –Dijo Matilde. –Sí –respondió Concha algo azorada. –Pues dicen –continuó Matilde simulando un tono confidencial– que en la versión original, en la que no está censurada, se quita el vestido y se queda en bolas. –¿En serio? –Ajá. Pero dime, ¿te gusta más que yo? Sin aguardar respuesta se giró y colocó un brazo sobre los hombros de Concha, mientras que la otra mano acariciaba el cuello, descendiendo hasta su casto escote. –No… –una tímida sonrisa se dibujó en el rostro de Concha– Tú me gustas más. Matilde la besó, soltándole el botón superior de la blusa e introduciendo su mano hasta alcanzar uno de los senos constreñidos por el rígido sostén. Sus lenguas se exploraron mutuamente en tanto los dedos de Matilde jugueteaban con el pezón. –Nos puede ver alguien –se detuvo Concha, mirando preocupada a su alrededor. –Tranquila. Casi no hay nadie. Es lo bueno de esta sesión: el cine está prácticamente vacío. La mano de Matilde se deslizó bajo la falda de Concha, que inspiró con profundidad mientras los dedos ascendían, acariciando la tela de la media hasta alcanzar la piel desnuda de la ingle, por encima de la liga. Al notarlos posarse sobre sus braguitas Concha se revolvió inquieta en la butaca, vigilando de nuevo a su ...
    ... alrededor. –Está bien –cedió Matilde–. Vamos al baño. Allí tendremos más intimidad. El servicio de mujeres formaba una amplia sala algo avejentada pero –relativamente– limpia. Tras comprobar que no había nadie se metieron en una de las cabinas y volvieron a besarse. La mano de Matilde exploró de nuevo bajo la falda de Concha, esta vez por detrás. Sintió la suave piel de los muslos estremecerse bajo su tacto, palpó los glúteos bajo la braga de algodón y se introdujo en su interior para sumergirse en busca del tierno anillo de carne. Acarició el ano hasta que éste se abrió a sus estímulos, introduciendo suavemente en su interior el dedo corazón. Notó la reacción de una Concha sumamente excitada que se pegaba contra su cuerpo, restregando sus tetas y recorriendo con sus ansiosas manos toda la anatomía de Matilde. Ésta le correspondió metiendo la otra mano entre sus piernas, pellizcando los empapados labios y buscando dentro de la cálida hendidura la familiar protuberancia del clítoris. El golpe con que se abrió la puerta les hizo detenerse de súbito. Desde el vano les observaban el acomodador y la taquillera. –Te lo dije –habló él–. Sabía que estas dos se metían aquí para hacer guarradas. –¡Menudo par de viciosas! ¿No deberíais estar en clase en vez de haciendo “esto”? ¡Me dais asco! Concha y Matilde, cohibidas, recompusieron sus ropas y mirando hacia el suelo intentaron marcharse, pero la pareja les bloqueó el paso. –¡Alto ahí! –Ordenó la taquillera–. ¿Dónde os creéis que vais? ...
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