1. Buenas noches, princesa


    Fecha: 06/12/2018, Categorías: Confesiones Hetero Autor: Joey Gabel, Fuente: CuentoRelatos

    me ayudan a despejar la mente. Además, pensándolo bien tampoco ha sido tan extraño coincidir, vivo cerca de aquí —segunda mentira. Sin duda se lució aquella noche, nada de lo que dijo sonaba creíble. Aun así, detenerme únicamente en sus palabras le permitió lograr su objetivo. Al quitarme la chaqueta descubrí algo en uno de sus bolsillos. Casi inconscientemente llevé la prenda hacia mi nariz. Terminé por hundirla en mi cara a la vez que inspiraba profundamente. La percepción del delicado olor de su sexo me produjo una erección. Nuevas imágenes iban cobrando forma, tan nítidas que casi era capaz de sentirla a mi lado, aquella mirada, dulce y perversa al mismo tiempo, clavándose en mi mente como afiladas garras, su traviesa lengua recorriendo mi miembro… Holanda espuma. A la mañana siguiente prescindí de mi habitual eyaculación en el baño de profesores, Dolores debía de tener algo preparado. No me equivoqué. Como si participásemos del guion de una mala película porno, dejó caer su bolígrafo con escaso disimulo. Al agacharme separó las piernas, permitiéndome descubrir aquel coño rasurado que se intuía tan apretado. Por unos segundos me imagine introduciendo dos de mis dedos en el venerado vértice, dibujando sus formas con la lengua, sintiendo que no solo mi saliva lo humedecía. Tan solo por unos segundos, pues casi golpeo mi cabeza contra la mesa al recordar que permanecer demasiado tiempo inclinado llamaría la atención. Me levanté con la mayor naturalidad que me fue posible y ...
     respiré aliviado al ver que nadie mostraba signos de haber percibido algo extraño. Dolores, por supuesto, disfrutaba plenamente de aquella escena. Mientras mordisqueaba su labio inferior, sus ojos, llenos de lujuria, lanzaban una advertencia amenazante “prepárate para lo que viene después”. Ansioso como me encontraba, concluí la clase antes de tiempo. Ella esperó sentada, inmutable, retándome a que fuera yo quien diera el primer paso. Pero no podía hacerlo. Necesitaba que controlase el fuego que ardía en mis entrañas, que me guiara antes de que el deseo nublase mi juicio. Finalmente decidió concederme una pequeña tregua. —Venga, seré buena. No lo has hecho tan mal después de todo —pronunció mostrándose falsamente benevolente—. Creo que tienes algo mío. Podría haber inventado cualquier excusa, pero no, de algún modo Dolores sabía que las traería. Dirigí mi mano hacia el interior de la chaqueta al tiempo que mi querida alumna sonreía con satisfacción. Tras descalzarse, colocó uno de sus pies sobre mi rodilla. Las indicaciones eran claras. Situé la palma suavemente sobre el empeine y lo acaricié describiendo un movimiento lateral para tomar el pie por la planta. Después hice pasar la extremidad a través de la primera abertura. Subí hasta la rodilla recorriendo lentamente su gemelo, percatándome entonces de que su bondad tenía un precio. Dolores volvió a ponerse el zapato. Yo seguía sujetando las braguitas como si estas creasen un vínculo entre ambos. Sin embargo su intención no ...
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