1. Virgen por un rato


    Fecha: 25/12/2018, Categorías: Erotismo y Amor Primera Vez Autor: cuentistaparato, Fuente: CuentoRelatos

    No pensaba quedarme con las ganas remordiéndome la conciencia cada vez que me acordaba de ella y me la cruzaba por los corredores de la empresa con si indiferencia a ratos mal disimulada. Y lo peor es que cada día me gustaba más con sus pantalones tallándole ese trasero tentador que sabía menear mientras subía las escaleras para llegar al segundo piso. Que buena que se ponía entre más iban pasando los días. Pero me juré que me la llevaría un día no muy lejano y la iba a poner loca de ganas y me iba a cobrar los deseos inconclusos. Todo empezó unos veinte días atrás al calor de unos tragos y un baile suave y sensual mientras la temperatura fue subiendo poco a poco y se diluía esa tarde friolenta. Estaba convencido que me la llevaría en un rato a uno de esos hoteles que no conocía sino de pasada. De nuevo mis manos tocaban las suyas y ascendían por sus brazos trigueños. Pero la euforia volcánica estaba en cada beso mientras nuestras lenguas se entrelazaban y se hundían en un frenesí. Por momentos sentía que estaba dentro de ella haciéndole el amor sin quitarle ninguna prenda. No recuerdo que le dije al final para que aceptara ir conmigo, un rato apenas, me aseguró, porque la esperaban en casa. Pero me costó persuadirla, porque qué diría la gente si la veían entrando a un sitio de estos con un hombre, y mil dificultades más. Antes de pagar la cuenta la esperé mientras iba al baño y la vi alejarse moviendo su trasero redondo cubierto por el pantalón ajustado, semejante a un ...
    ... durazno maduro y alcancé a notar muy leve el triángulo de la dicha que formaba su interior, o tal vez era ya mi imaginación que me llevaba a creerla tendida en la cama mientras la devoraba a besos, descendía por su cuello y mi lengua probaba el melón de sus pechos. La oí taconear mientras regresaba y sentí que cada vez estaba más cerca de ver caer esas ropas y tenerla como la quería ver desde hacía unos días. Lo que pasó después se volvió el chisme de cada día entre compañeros y amigos: que no había sido capaz con ella. El lunes siguiente en el restaurante de la empresa la vi sentada con unas amigas suyas mientras esperaban el almuerzo y no me prestó atención cuando intenté saludarla. Continúo la charla animada y cuando me empecé a alejar dijo en un tono como para que la escuchara “poco hombre” y sus demás compañeras soltaron una ofensiva y odiosa carcajada. Tampoco recuerdo como logré quebrantar ese muro de indiferencia para que aceptara volver a salir conmigo. Pero me costó convencerla porque según ella no quería que sus amigas la vieran conmigo. Lo único que me dejaba cierta desazón fue que no acudiera a la cita con sus jeans ajustados al cuerpo que la volvían más deseable a mis ojos. Pero en fin Tomados de la mano salimos a la calle y recorrimos despacio las dos cuadras que nos restaban para llegar, concurridas a esa hora por gente que se acercaba a los bares, hacía compras o merodeaba por las cercanías. Sentí de cerca su voz nerviosa. Veo que entre más nos acercábamos hacía ...
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