1. Confesión de un infiel


    Fecha: 18/10/2017, Categorías: Infidelidad Hetero Autor: AMorboso, Fuente: CuentoRelatos

    Después de leer muchos relatos para “animarme”, quiero contar la historia de mi vida. No porque sea mejor o peor que otras, solamente porque es la mía y me gusta recordarla. He cambiado los nombres y evito los lugares, para que no seamos reconocidos y así evitar problemas. Me llamo Roberto. Tengo 72 años, estoy jubilado, viudo y sin responsabilidades. Tengo una hija que no sé dónde está desde hace años. Se independizó a los veinte, mantenida por el dinero de un padre del que no quería saber nada, hasta que, en una sucinta nota me dijo que ya no necesitaba mi ayuda. Durante muchos años he vivido sabiendo que estaba en pecado, que no obraba bien porque engañaba a mi esposa con otra, pero no podía evitarlo, era algo superior a mí. Siempre he sido muy ardiente y mi esposa siempre ha visto el sexo como algo necesario solamente para procrear. Nací en una ciudad de provincias en España. Estudié en el colegio hasta los 14 años y luego hice unos cursos de preparación para banca y oficinas. (Entonces no era como ahora, que esos estudios son una carrera). Al terminar, con 18 años ya, quise entrar en un Banco, pero había pocas oposiciones, porque los puestos se cubrían con los hijos de… y los recomendados por… Y como yo no era ni hijo ni recomendado, tenía que esperar a la oposición. En mi grupo de amigos, siempre había alguno que traía revistas pornográficas francesas en las que se podía ver a mujeres en ropa interior sugerente: braga y sujetador, bodis semitransparentes, apreciándose ...
    ... el empuje de los pezones, ALGUNA TETA y muy de tarde en tarde UN COÑO peludo. Material más que suficiente para hacernos unas fabulosas pajas, en una época en la que nuestras mujeres iban con faldas hasta el tobillo, algunas a media pierna y las más descocadas, por debajo de la rodilla. Mis padres no querían que me dedicase a vaguear y me hicieron buscar trabajo. Encontré uno de comercial de una empresa fabricante de maquinaria agrícola, con la que recorrí primero toda la provincia y luego todo el país. Enseguida, gracias a mi carácter abierto y la facilidad de hacer amigos, conseguí ir acumulando una gran cartera de contactos, unos como clientes y otros como posibles compradores. El día que cobré mi primer sueldo, recuerdo que fue también la primera vez que me fui con mis amigos de putas y mi iniciación en un sexo que no era el manual. Me llevaron a una casa de una población cercana, donde trabajaba su inquilina, una mujer de unos 50 años, que le faltaban varios dientes, pelo sucio, tetas grandes y caídas, que colgaban a ambos lados de su cuerpo, un poco gorda y con olor a sudor y sexo. En aquel tiempo, no podías hacer nada si eras menor de 21 años, pero a esta mujer no puso ninguna pega. No sé si porque estaba muy desarrollado o porque le daba igual. Fuimos los cinco amigos. Ellos ya tenían experiencia y negociaron el precio para todos, organizando los turnos y dejándome a mí el último. Cuando entré a la habitación, estaba sobre la cama. Me señaló un barreño y me hizo poner ...
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