1. Compartiendo a Edith


    Fecha: 09/01/2019, Categorías: Sexo en Grupo, Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Quiero dejar claro que amo a mi esposa y no haría nada que pudiera hacerle daño ni por lo cual llegara a perderla; su felicidad es mi felicidad desde que éramos novios y eso se mantiene. Tengo 30 y ella 22 aunque aparenta menos por su carita de niña y porque gusta vestirse a la moda y muy juvenil. Tenemos 4 años de casados, luego de un noviazgo de dos años. La conocí a los 14 y a esa edad robé su virginidad, el recuerdo más bello que tengo. Bajita, piel blanca, cabello negro y lacio que acostumbra usar muy largo como el día que ocurrió esta historia, tan inverosímil como supongo suelen serlo la mayoría de las iniciaciones. Sus nalguitas perfectamente redondas, más resaltadas por su cinturita siempre fueron deseadas por mis amigos y yo, cosa que hasta la fecha sigue siendo un asunto que me perturba cada vez que ellos y yo nos sinceramos entre tragos. Ni qué decir sus pechos duros y paraditos y esas piernas descomunales que gusta resaltar usando con frecuencia short o minifalda, casi que para toda ocasión pero sin duda, lo que más cachondo me pone de mi esposa es su carita de ángel y esa boquita que invita a toda clase de perversiones. Sí: mi esposa Edith es muy deseada donde quiera que vaya, lo sabe y le gusta serlo. Recuerdo que una vez penetré su trasero imaginando que yo era Tony, uno de los vecinos y fue muy excitante pero no fue sino hasta hace como dos años y medio que empecé a obsesionarme con la idea de compartirla en un intercambio o en una orgía �muchas pajas me ...
    hecho fantaseándolo- y mi proyecto actual es someterla en un gang bang con unos diez desconocidos, cosa que creo está pronto a lograrse; sin embargo al principio se rehusó enfáticamente a esas cosas, al punto que dejé de insistir y fue la casualidad la que nos dio la oportunidad que relato en esta ocasión. Hace dos años fuimos de vacaciones a un hotel de playa, única ocasión en que hemos tenido posibilidad de alojarnos con las bondades de cinco estrellas. Estábamos en el jacuzzi cuando llegó una pareja que no sabría catalogar: él aparentaba sesenta o por lo menos se la acercaba pero ella si acaso alcanzaba los treinta; morena, más alta que mi Edith y un cuerpazo de modelo que al menos en ese momento no distrajo mi atención pero unos minutos después pude percatarme que el de mi esposa si atrajo la suya. El tipo volvía a vernos con frecuencia y en un momento dado, mientras su esposa se colocaba junto a él besándole el cuello y acariciando su pecho, me pareció que él se masturbaba mirando a Edith y fue cuando me di cuenta que ella, estando recostada sobre mí, había dejado sus nalguitas exactamente sobre la superficie del agua que burbujeaba. Eso me puso cachondo y dejé que el viejo fantaseara con la complicidad descarada de su esposa, hasta que fue evidente que terminó bajo su pantaloneta de baño. Al poco rato se retiraron y ambos nos miraron con ciertas sonrisas maliciosas. Ahí fue cuando mi esposa se dio cuenta de la situación; nos reímos a carcajadas y empezamos a masturbarnos ...
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