1. Casada, pero necesitada de macho


    Fecha: 21/10/2017, Categorías: Sexo con Maduras Voyerismo Sexo Duro Autor: Arandirelatos, Fuente: xHamster

    ... Otumbo; la hombría de aquél. Era un bulto tosco, duro y grueso, que apenas daba muestra de lo que se guardaba debajo. No obstante,¡era tremendo!—Con todo respeto, la mera “verda´” es que una mujer como “usté” es un sueño para mí... es lo máximo —le dijo él.—¿En serio? —dijo Renata, afectada por el alcohol.Es cierto que la cerveza ingerida por ella había hecho su efecto, sin embargo, a Renata también la impulsaban sus propias y naturales necesidades de mujer.Si tan sólo su marido hubiese sido más proclive a percibir aquello. Su mujer lo necesitaba; no sólo como marido y padre para su hijo, sino también como hombre.La última noche que pasarían juntos, ella había previsto una despedida especialmente sensual y romántica.Renata se había m*****ado en adquirir y vestir una sugestiva lencería para hacer más memorable su despedida. Ella y Silvano; su actual pareja; tenían más de seis años de vivir juntos. Cuando Renata le habló de sus planes, él no estuvo muy conforme, sin embargo, como la amaba, aceptó que su esposa estudiara y más tarde consiguiera un trabajo.La voluptuosa dama quería recompensárselo y había pasado la tarde haciendo las compras pertinentes y encargando a su hijo de seis años con una vecina para tener la noche para ellos solos.Ante el espejo, modeló su atuendo recién adquirido, y procuró verse de lo más excitante para despertar el febril deseo de su pareja.Aunque, al verse a sí misma vestida de tal manera, tuvo consciencia de que no sólo era eso lo que pretendía; ...
    ... ella también necesitaba saciar su apetito, su hambre. Ella necesitaba de hombre.Silvano llegó. El ruido del cerrojo anunció su arribo. Ella volteó a verlo con una sonrisa en el rostro, feliz por lo que vendría, pero, no obstante, ésta se desvaneció al notar que traía al niño a cuestas sobre sus hombros.—¿Qué haces con Teo? —le preguntó ella—. Se lo había encargado a la vecina. Iba a pasar la noche con ella y sus hijos.—Lo sé, los vi jugando en la terraza pero mejor me lo traje pa´cá. Para qué se va a quedar con extraños.—Pero es que... —comenzó a replicar, pero se quedó callada aceptando, con frustración, la no realización de sus planes.Lo cierto es que aquella sensación de frustración venía de más antes, de años antes. Renata había cargado con tal insatisfacción en silencio, por varios años de vida marital, y por ello ahora...—No se va “usté” a arrepentir, ando que me quemo por dentro y traigo unas ganas locas por hacerla... por hacerla la mujer más feliz del mundo —le dijo Otumbo, minutos más tarde, cuando ya ambos estaban echados sobre el catre y él se bajaba la ropa que le cubría de la cintura pa´ abajo.Las mejillas de la dama lucían sonrojadas, exponiendo la intervención del alcohol en aquella situación, no obstante, Otumbo notaba que la hembra, de por sí, lo apetecía.—¡En la madre! —gritó Renata, ya fuera y muy lejos de su rol profesional, al ver el descomunal tamaño de la mandarria que Otumbo se cargaba entre las piernas—. ¡No puede ser!El mulato tenía una pinga negra; ...
«1...345...10»