1. Casada, pero necesitada de macho


    Fecha: 21/10/2017, Categorías: Sexo con Maduras Voyerismo Sexo Duro Autor: Arandirelatos, Fuente: xHamster

    ... expresarle a Otumbo para después y se aproximó a él.Ninguno pronunció palabra mientras ella se adueñó del miembro para chuparlo. Renata hacía el máximo esfuerzo por abrir sus mandíbulas al máximo. Con tan tremendo atrevimiento, la mujer introdujo el glande hasta casi tocar su úvula.Los guturales sonidos producidos por Renata eran a la vez morbosos y angustiosos, parecería que estuviera en riesgo de ahogarse. Otumbo podía ver el enorme esfuerzo que ella hacía al tratar de tragarse su carne. Él no podía estar más que agradecido ante aquel acto.Renata nunca llegó a metérselo por completo, pero no dejó de intentarlo. Llegó el turno de devolverle el placer recibido y, aún sin mediar palabra, Otumbo cambió de posición con ella.Renata, todavía vestida, se abrió de piernas alzándose a sí misma la falda. A él correspondió el bajarle las pantaletas que; pese a las enormes manazas con las que lo hacía; deslizó delicadamente hasta sacárselas de cada una de las piernas.Así, Otumbo estuvo frente a una abertura vaginal que lo esperaba anhelante. Chorreantemente deseosa de su contacto, la panocha parecía derretirse. Los gruesos labios de él besaron aquellos otros más finos. Hembra y hombre se babearon mutuamente con enorme pasión.La mujer arqueó en repetidas ocasiones su espalda, demostrando así el arribo del anhelado orgasmo. Hacía mucho que no disfrutaba de algo así y en tal multiplicidad. Esa sensación la hacía sentirse completa y viva.Unos momentos más tarde, ambos conversaban con la ...
    ... mayor naturalidad del mundo:—Así que ya estaba casada antes de...—Sí, de hecho estaba casada con el hermano de mi actual pareja. La verdad es que nunca me divorcié, así que con Silvano vivo en unión libre.Renata se mecía de la cintura pa´bajo, meciendo la mitad inferior de su cuerpo de adelante hacia atrás, en un vaivén muy lento pero constante, sin prisas. Lo hacía al mismo tiempo que se confesaba con total confianza ante Otumbo, quien la veía desde abajo, recostado en el catre. Esta vez no había alcohol de por medio, así que ambos estaban muy conscientes de lo que hacían.Aún no existía una unión machihembrada entre ambos, ya que el pene aguardaba debajo del cuerpo de ella, solamente disfrutando de los lúbricos tallones. No obstante, en ese momento, la intimidad entre ambos era aún mayor que la que hubo entre aquella mujer y su marido la última noche que durmieron juntos.Renata se desahogó con Otumbo del pesar de su relación conyugal. Silvano no era el hombre de su vida. Ahora estaba convencida. Lo notaba con claridad desde el fracaso de su última y frustrada noche de pasión.Al ver jugar a Silvano con aquel niño que ni siquiera era su hijo (aunque él no lo sabía), lo supo con certeza. Silvano podría ser el padre perfecto para su hijo, pero distaba de ser el esposo que ella necesitaba.—Conque su hijo no es de Silvano —le dijo, sin recato, Otumbo.—Pues no, es hijo de Mateo. Pero él no lo sabe, o se hace... no lo sé.A la Licenciada le vinieron recuerdos de sus agitadas noches con ...