1. Mi adolescencia (Capítulo 46)


    Fecha: 11/02/2019, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Adolescente, Fuente: CuentoRelatos

    evidente que todo había ido como la seda y que había podido guardar la ropa sin problemas en su bolsa de deportes sin que se enterase Pilar. Al llegar a mi cuarto, sin ninguna dilación ni decir nada, abrió dicha bolsa de deporte y sacó la camisa azul a rayas, el pantalón blanco, el pañuelo rosa e incluso hasta el cinturón marrón. Tanto la camisa como el pantalón estaban perfectamente planchados y no se habían arrugado nada a pesar de llevarlos dentro de la bolsa. Yo me quedé quieta sin saber qué hacer. Solo reaccioné cuando Iñigo me dijo: “Venga, quítate esa camiseta que llevas y ponte esta ropa, ¿a qué esperas?”. Me quedé algo nerviosa y agobiada tras estas palabras. Cierto que Iñigo y yo habíamos hecho ya múltiples de fantasías juntos pero esta era especial porque conllevaba el hurto de ropa a una amiga común. Cierto que se la íbamos a devolver al día siguiente, pero aun así me sentía que estaba haciendo algo malo e indebido. La conciencia me agobiaba con todo esto y aunque el fetichismo de la fantasía era muy jugoso no estaba convencida del todo. Iñigo, viendo que me sentía incómoda, me besó en la frente y dijo para quitar hierro a todo este asunto: “Voy a saludar y a charlar un rato con tu madre mientras tú te vas cambiando”. Y sin esperar respuesta salió de mi habitación. Yo, a pesar de esta ya sola, aún tarde varios segundos en reaccionar, y no dejaba de mirar la ropa de Pilar sobre mi cama. Al final me convencí a mí misma que era una fantasía como otra cualquiera y ...
    que no era nada malo lo que estábamos haciendo. Por lo que me quité la ropa que llevaba y me puse esa camisa azul a rayas con los pantalones blancos. Salí de la habitación. Me encontré a Iñigo hablando distendidamente con mi madre (hay que ver que bien sabe ganarse Iñigo la confianza de todo el mundo, si mi madre llegase a imaginar la de fantasías sexuales y morbosas que hacíamos juntos). Él al verme me dijo irónicamente: “Vaya, que guapa te has puesto”. Lo dijo con una espontaneidad y naturalidad asombrosa, como si no supiese que iba a salir así vestida. Desde luego, cuánta ironía y sarcasmo había en esas palabras, y qué actor más fabuloso y convincente era. Yo contesté: “Gracias, bueno, ¿nos vamos?”. Él asintió con la cabeza y salimos por la puerta. Notaba que me miraba de manera diferente. Mucho más lujuriosa que de costumbre. Estaba claro que esta fantasía era especial para él. Antes de montarnos en el coche, sacó su cámara digital y me hizo varias fotos vestida así, me dijo: “Para el recuerdo. Verás que excitante será recordar el día que te hice estas fotos”. Nos montamos en su coche. Por un momento pensé que nos dirigíamos a su chalet pero cuando vi que tomó otra dirección por la carretera le pregunté: “pero ¿a dónde vamos?”. Iñigo ni giró la cabeza para responderme, solo dijo: “tranquila, es una sorpresa”. Al cabo de unos 20 minutos llegamos a nuestro destino. Era un pueblo (omitiré decir aquí el nombre del pueblo para que nadie pueda identificarlo). A pesar de ser un ...