1. Solo éramos dos


    Fecha: 16/02/2019, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Lauer, Fuente: CuentoRelatos

    ... yo estábamos sentados en el sofá apurando nuestras copas. Miguel recogía alguna que otra prenda que continuaban esparcidas por el suelo. Y Erika, desnuda como la habían dejado, sentada en un taburete saciando su sed con la mirada casi perdida. Miguel, en esos momentos, jugaba con una corbata. La anudaba y desanudaba repetidamente. -Ayudadme. –Dijo mirando hacia el sofá- Levantaros del sofá. Sin preguntar el porqué de su petición así lo hicimos y esperamos interesados. Erika estaba más curiosa que nosotros. Con una pierna cruzada sobre la rodilla, seguía con la mirada como Miguel se le acercaba jugueteando con la corbata. Tan pronto la tuvo a su alcance, rozó sus cabellos y descendió acariciándole uno de sus brazos hasta llegar a apoderarse de su muñeca. La elevó levemente y le anudó la corbata que llevaba. Erika lo miró con extrañeza y más cuando Miguel se alejó para buscar entre las pertenecías que el mismo había recogido anteriormente. Y lo encontró. Otra corbata. En un instante anudó la segunda corbata a su otra muñeca. -¿Qué quieres hacerme con esto? –preguntó intrigada. -Ssssss. –fue su respuesta presionando con un dedo sobre sus labios. Miguel, tirando suavemente de las dos corbatas, obligó a Erika a bajarse del taburete. Ya en pie, Miguel levanto sus brazos tanto como pudo. Sus pechos se elevaron. Despacio, continuó su presión, haciendo que Erika lo acompañase hasta el sofá. -¿Dónde me llevas? –Dijo con sorpresa- ¿Para qué son las corbatas? –con voz frágil. -No te ...
    ... preocupes. Déjame hacer, se lo que realmente quieres. –le respondió. La alineó justo en medio del sofá y se colocó a su lado. Sujetó una de las corbatas en el reposabrazos más cercano. Erika necesitó inclinarse ligeramente. Al realizar la misma operación con la otra, no le quedó más remedio que someterse completamente. Seguía con las piernas bien juntas. El culo hacia nosotros y los pechos colgando. Su cabeza rozaba el sofá y su pelo yacía sobre él. Otra vez su respiración se agitaba. Podría decir que estaba asombrado por la docilidad y obediencia que demostraba. Pero sabía bien de ello. En ocasiones habíamos realizado estos adiestramientos en la intimidad. Nunca pensé en ese comportamiento totalmente sumiso con otros. -¿Estás cómoda? – Oprimiendo con un dedo sobre su ano. No obtuvo respuesta. -Separa las piernas y respóndeme. –dado un manotazo sobre su expuesto culo. -SsssiiiiIIII. –separando las piernas rápidamente. -¿Quieres más? –continuó Miguel. Silencio. Tan solo respiraba acaloradamente. Cogí un cinturón que estaba sobre la barra de bar y le propine varios correazos. Fueron suaves. Tan solo para reafirmar su entrega. -No te hemos oído. –le dije dándole un último algo más intenso. -Ssssiiiiii. -Sí que. –le respondí con otro de igual intensidad. -SSSiiiiii. Quiero más. Miguel retomó la iniciativa. -¿Quieres que te encule tu marido? –preguntó oprimiendo de nuevo con un dedo sobre su ano. -Uuummmm. -¿No querrás que lo haga yo? –introduciendo por completo su pulgar. -Aaaahhhhh. ...