1. Hijas del Sol Naciente p3


    Fecha: 05/03/2019, Categorías: BDSM Fetichismo Autor: pepejuxn, Fuente: xHamster

    De nuevo fue Makoto quien vino a buscarme. Tras colocarme la correa, me llevó a cuatro patas hasta el salón junto al recibidor. Mi piel empezaba ya a acostumbrarse al contacto con el frío mármol del suelo.– La princesa Juriko ha vuelto ya, con la hija de una socia de su madre- me dijo, y prosiguió: – la señorita Lydia y la princesa son amigas desde su infancia, así que debes honrar a tu señora mientras ella esté delante. Te tumbarás en el suelo, a sus pies, y no dejarás de adorarla.Al llegar al amplio salón, La princesa estaba sentada en el mismo sillón del día anterior, descalza, y vestida sólo con una bata parecida a la que le había visto puesta, sólo que ahora en lugar de ser blanca estaba estampada con flores de llamativos colores. Estaba en la misma postura descuidada, infantil, con sus brazos colgando lánguidamente, y la mirada perdida en algún rincón de la sala. En un sillón idéntico, frente a ella, descansaba una chica de su misma edad, unos quince o dieciséis años, que por su aspecto parecía de algún país del norte. Su piel era blanca, mucho más pálida incluso que la de Makoto, tanto que parecía una estatua de cera. Su cabellera ondulada y pelirroja, larguísima, caía por debajo de sus pechos, y sus cejas rojizas apenas se destacaban de una cara de ángel, que parecía la de una virgen del renacimiento, y tenía su misma sonrisa serena y su misma dulce mirada, que partía de unos luminosos ojos verdes. Iba vestida con una falda de cuadros escoceses que llegaba hasta sus ...
     rodillas y una blusa blanca con volantes que apenas ocultaba sus pechos. Según la costumbre japonesa, iba descalza. Seguramente aquella muchacha hubiera deseado poder llevar sujetador, pero la ropa interior, considerada antaño como un instrumento de opresión masculina, había desaparecido por completo de los vestuarios, y sólo estaba bien considerada entre las ancianas.Reparé en la redondez de sus formas, en sus muslos robustos, la voluptuosidad de sus caderas, y en sus brazos regordetes. Sin llegar a estar gorda, la rotundidad de sus curvas le concedía una gran belleza, y aumentaba la impresión de haber sido sacada de un cuadro renacentista, salvo por el detalle de sus cabellos de un vivo color naranja.Sin esperar a más, Makoto me quitó la correa y se retiró; quedé a solas con las dos muchachitas, e inmediatamente me dirigí, siempre a gatas, a los pies de la princesa Juriko. Rodeando sus piernas con mis brazos, humillé mi cabeza ante ella, y mientras acariciaba sus tobillos sin atreverme a subir mis manos más arriba, comencé a besar apasionadamente sus pies. Le daba cortos besos en los dedos, apretando levemente mis labios cerrados sobre ellos. Después los abría ligeramente y volvía a cerrarlos, recorriendo de esa forma todo el pie. La piel de la princesa era más oscura que la de Makoto, era de color canela; pero era no obstante igual de suave. Sus pies no eran tan alargados y delicados, casi frágiles, como los de Makoto, eran más robustos, más parecidos a los de una niña, y ...
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