1. El padre de mi amiga


    Fecha: 12/03/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Cuando yo tenía 19 años, en la universidad, tenía una amiga íntima que se llamaba Mari Ángeles, con la que estaba siempre y a la que le contaba todo. Éramos como uña y carne, inseparables y sin secretos. Un día tuvo que existir un secreto entre nosotras. Desde entonces nada fue igual hasta que ella se marchó. Por aquel entonces, ella solía venir a dormir a mi casa y yo iba de vez en cuando a dormir los fines de semana a un chalet que tenían sus padres en la sierra. El padre de Mari Ángeles era piloto de una compañía aérea, y para la edad que tenía estaba muy bien conservado y aparentaba cinco o diez años menos. Él era muy simpático y muy agradable, y a mí me trataba como si fuera su otra hija. Un fin de semana de los que subí a su chalet, sucedió lo siguiente: Era Domingo ya, y yo estaba dormida en la cama. Era verano y hacía calor, así que yo me acosté con una camisetita y las bragas. Mi amiga me despertó muy temprano por que quería bajar al pueblo de compras con su madre. Yo estaba cansada por que la noche del sábado la pasamos en vela hablando de los chicos del instituto y la dije que se marchara ella con su madre, que yo seguiría durmiendo. Ella y su madre se fueron y yo me quedé en la cama. Lo cierto es que ya no pude volverme a dormir, y me quedé tumbada en la cama boca abajo descansando. A la media hora, subió el padre de Mari a la habitación y preguntó en bajito por ella. Yo me hice la dormida, y mientras él comprobaba que Mari no estaba susurró: ¿Estas dormida? Yo ...
     no dije nada, pero el padre de mi amiga no se fue. Bajo mi sorpresa, él apartó la sábana de mi cuerpo con mucho sigilo, dejando mi culito al aire. El corazón me dio un vuelco, pero yo seguía haciéndome la dormida muy bien. Pasaron dos o tres minutos quizá en que él tuvo que estar recreándose con mi culo, y viendo mis braguitas blancas de semitanga. Noté como él se recostaba en la cama, y pasaba suavemente su mano por mis piernas. Aquello me excitó, pero decidí seguir sin hacer ruido. Él se fue acercando más a mí hasta que noté su paquete hinchado cerca de mi culito. Yo me moví un poco hacia atrás para notarlo mejor. Él entonces empezó a frotarse contra mí de manera muy suave. Aquello me puso a mil, pero seguía haciéndome la dormida. Oí cómo con una mano se desabrochaba el cinturón, mientras que con la otra pasó de acariciarme el muslo a pasar su mano por debajo de mis braguitas, comprobando mi humedad latente. Después de que se hubiera bajado pantalones y calzoncillos hasta la rodilla, metió su verga bajo mis braguitas, notando su contacto en mi culo pero sin meterla. Comenzó a subir y bajar por los exteriores de mi ano mientras que me metía un dedo en mi coño viscoso. Yo empecé a gemir suavemente, aunque ya él advirtió que yo no estaba dormida. Él, me quitó despacio las braguitas, me puso boca abajo de nuevo y comenzó a comerme mi almeja de manera que mi cuerpo se estremecía cada vez que su lengua rozaba mi clítoris, y de manera que así también tenía acceso a mi culito. Yo me ...
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