1. Abuso y vejación -3. Me paso de la raya, creo


    Fecha: 18/03/2019, Categorías: Gays Dominación Autor: Hunter, Fuente: CuentoRelatos

    Por varias noches y mañanas me hice mil pajas pensando en el esclavito que me había ganado de gratis. Ariel, el sudamericano que trabaja bajo mi supervisión, estaba dispuesto a complacerme en todo con tal de conservar su empleo. Cada vez que me encontraba con él aprovechaba para tocarle las nalgas, sobarlo, ponerlo a mamarme la verga o los huevos. Sudado, mojado, limpio, con calor, siempre encontraba una manera de que se sintiera perra y usado, que supiera que yo era el que mandaba. Otra cosa rica que hice fue llevarme uno de sus calzoncillos sudados, el olor a culito y huevos casi me mata. Lo olí hasta que perdió el aroma a culito de chiquillo que me mataba. El jueves lo llamé y le indiqué que se iría conmigo a un viajecito. Me miró con terror, como si le estuviera decretando la muerte. Lo acaricié un poco por la nuca y le dije que no tuviera miedo, que sólo íbamos a divertirnos y que recordara que el día de pago siempre recibía un "bono especial". Se vistió con un pantalón corto, hasta las rodillas, sin calzoncillos, como lo instruí. Apenas se subió al auto me fijé en sus muslos suaves, sin vello, con piernas duras y deliciosas. Su olor a recién bañado contrastaba con las veces en las que me lo había cogido sudoroso y con olor a trabajo. Apenas llegamos a la carretera me bajé el zipper del pantalón y me saqué mi verga, suave, olorosa y le dije que comenzara a mamarme ahí mismo, mientras conducía. Eran casi las siete de la noche y yo estaba en la carretera panamericana, ...
    ... sobándole suavemente la nuca mientras él se concentraba en lamer mi verga y chuparla suavemente. No pude aguantar tanto y paré a la vera del camino para que terminara su trabajo, puse las luces intermitentes y lo obligué a mamarme hasta que me vine en su boca. Se bajó para escupir mi leche y limpiarse. Llegamos a la casa y cenamos. La verdad es que yo estaba cansado y después de esa ordeñada me acosté temprano. Él se fue a su cuarto y me fijé que dejó la puerta entreabierta. Como a las 10 de la noche me levanté con la verga dura. Me fui al cuarto de Ariel y abrí la puerta suavemente. Me paré a su lado y se la puse en la cara. El ni siquiera se asustó. Solo agarró mi pinga suavecito y se la metió obedientemente en la boca, mamando como una perra hambrienta. Encendí la luz y le dije que me siguiera, que le tenía una sorpresita. Lo llevé a la sala y saqué una tanga negra que había comprado especialmente para él. Se la puso y lo mandé a caminar por la sala para lujuriar como se le metía la tanga entre sus nalguitas. Le di dos nalgadas, duro, fuerte. Hasta que se sacudió. Saltó hacia adelante y se sobó el culo como si le ardiera. Volví a pegarle en las nalgas hasta que se pusieron rojas. Luego pasé mi lengua suavemente por sus nalgas suavecitas y le abrí el culo. Se sentó de espaldas en un sofá y me le fui encima. Le comencé a morder la nuca, los hombros y la espalda. Comenzó a gemir suavemente. Cada vez que se quejaba lo nalgueaba de nuevo. A medida que me iba arrechando lo mordía y ...
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