1. El cachorro


    Fecha: 15/04/2019, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    El cachorro Aquella tarde calurosa provocaba que la gente se concentrara en los centros comerciales con aire acondicionado, buscando rodearse de un ambiente más soportable que el que imperaba por las calles. Yo no iba a ser menos, así que entré en una tienda de deportes de la planta segunda de una galería de tiendas. Al ascender por las escaleras automáticas comprobé la gran multitud de adolescentes que llenaban el lugar. Era un viernes y tras las clases, se divertían mirando y trasteando por las tiendas. Entre en una de ellas, miré a mi alrededor y me fijé en un grupo de cinco chicos que recorrían, pegados como una piña, los distintos pasillos. Entre ellos había uno que me llamó la atención. Vestía un chándal de corchetes que últimamente me daban mucho morbo al pensar en abrirlos de un golpe y acceder al instante a las piernas del adolescente alcanzando incluso mis ojos a posarse en su calzoncillo. Lo cierto es que parecía el jefe de toda aquella cuadrilla. Tendría unos 17 años, de pelo oscuro, sin acné, de los pocos que se libraban en ese periodo de sus vidas. Llevaba el cabello muy corto, casi al cero, con unos largos mechones de pelo a modo de flequillo. Dos aros plateados como pendientes. En sus ojos verdes se mezclaba la inocencia y la picardía propia de estos tiempos. Caminaba separando mucho las piernas lo que le daba un aire de superioridad varonil, que aun no tenía pero que parecía querer demostrar a toda costa. Llevaba una camiseta Nike y unas playeras de la ...
     misma marca. El rostro sin asomo de vello y sus dientes blancos como la leche. El chándal enmarcaba perfectamente su culo, duro y firme, redondo y lascivo. Al momento mi polla se puso tiesa y tuve que centrarla, para que no se me notara a través del pantalón. Lo seguí a unos cuantos metros de distancia, disimulando, mientras mis ojos recorrían su espalda y su nuca. Deseaba tanto acariciar su cuello y toda su piel, que sentí en aquel instante un pequeño orgasmo, que me paralizó unos segundos, nublándome la visión momentáneamente. Respiré profundamente y decidí ir a la caza del cachorro. Me coloqué cerca del grupillo y le miré fijamente a los ojos, él hizo lo mismo, agachó la cabeza y dirigiéndose a los otros les dijo que quería mirar las playeras que estaban al fondo del pasillo. Todos le siguieron, yo me quedé en el mismo sitio. Mientras, miraba cómo se alejaba, caminando firmemente con los brazos moviéndolos acompasados como si el hecho de caminar se tratara de un baile más. Pensé que el cachorro no tenía ningún interés por mí, así que me alejé hacia otra zona de la tienda. A los pocos minutos mientras estaba mirando unas pelotas de tenis, acariciándolas con la mano, imaginándome los huevos del cachorro envueltos en un vello tan suave como la pelusa que rodeaba a la pelota, le vi al lado mío. Sonrío y dijo que si sabía jugar a tenis. Le contesté que no, pero que sabía cómo se jugaba a otras cosas. El me siguió mirando, con sus hermosos ojos azules. En aquel instante tuve el ...
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