1. La llegada del diablo


    Fecha: 15/04/2019, Categorías: Incesto No Consentido Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    su cuerpo el que se estremeció en una convulsión incontrolable, mientras el corazón se aceleraba como nunca antes. Don Pedro le frotó la espalda con las palmas de la mano, y consiguió que se tranquilizara un poco. Entonces la agarró de la mano y se la llevó al fondo, donde estaba su casa, dejando el almacén sin nadie que lo atienda, lo que por supuesto, no le importó. El cuarto no tenía más que una cama de una plaza, una mesita de luz, y un ropero. Las paredes estaban revocadas, pero sin pintar, por lo que el color gris de estas, más el color negro del piso, hacían de la habitación un espacio sobrio y aburrido. Pero para Marta era lo mismo que entrar a la suite presidencial de un hotel cinco estrellas. Se sintió la mujer más afortunada del mundo por estar encerrada entre esas cuatro paredes con el almacenero del barrio. De repente se percató de que la ropa que llevaba puesta no era la indicada: un pantalón de jean comprado en la salada, y una remera gris que tenía desde la adolescencia. Pero solucionó ese problema en un segundo, poniéndose en bolas. Don Pedro la observaba con una sonrisa sarcástica. — Por favor Don Pedro, acérquese, quiero hacerlo feliz. El diablo se le acercó, le acarició la cabellera negra con las yemas de los dedos y ese simple contacto la hizo mojarse. Ella estaba sentada sobre el colchón, al borde de la cama. Don Pedro estaba parado frente a ella, seguía acariciando su cabellera cuando Marta estiró la mano para bajarle el cierre del pantalón. — Por ...
     favor, necesito que me salve de este lugar. — Le dijo, con los ojos verdes más brillantes que nunca por las lágrimas que estaban saliendo. Y entonces se metió el tronco grueso en la boca, y la masturbó y lo chupó con pericia, porque estaba segura de que de esa mamada dependía su fututo y su felicidad. Le escupió el pene, mirando luego a Don Pedro, esperando su aprobación. y cuando vio que el almacenero sonreía con placer, escupió más, hasta dejarlo todo mojado. Luego empezó a jugar con su lengua, recorriendo todo el tronco con ella, masajeando luego el glande, dirigiendo su mirada verde a Don Pedro mientras lo hacía. Después hizo algo que nunca había hecho, pero que estaba segura de que a los hombres les encantaba: abrió la boca lo más que pudo y se metió el miembro hasta la garganta. le producía arcadas, pero no le importaba, la cara de don Pedro le indicaba que estaba haciendo bien su trabajo, así que luego de respirar unos segundos, se atragantaba de nuevo con la verga demoniaca sintiendo como la cabeza gorda se frotaba con su campanilla. Al cabo de un rato don Pedro acababa en su cara dejando varios hilos blancos que pintaban el rostro. Marta se pasó la mano por la cara, para limpiarse, y luego se chupó cada uno de sus dedos y se tragó hasta la última gota de leche. Cuando terminó de hacerlo vio que don Pedro tenía en su mano un celular. “Cómo no se me ocurrió”, se recriminó Marta por no haber tomado ella misma la iniciativa de grabarse mientras se la estaba mamando al ...
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