1. La Agencia (1)


    Fecha: 29/10/2017, Categorías: Hetero Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... minifalda, esta vez adornado con finísimas rayas blancas verticales. Los zapatos eran los mismos, y me encantaban. Derepente, sentí cómo mi entrepierna empezaba a abultarse. En pocos minutos, la vanal conversación iniciada comenzó a explorar derroteros más importantes. -... si, ella y yo somos como el ying y el yang. -Es que no os parecéis mucho, porque... tú eres tímida, ¿verdad? Ella mostró una simpática carita de resignación afirmando con la cabeza. En ese momento sentí lástima por ella. Aquella chica había encontrado el éxito profesional, pero no el sentimental. Sara llegó a confesarme, tras más de un par de copas y entre lágrimas, que el novio de Lydia mantenía relaciones con ella. -Bueno, mejor. Eso gusta mucho a los chicos. Ella rio muy débilmente. -Bueno, con que le guste al mío... -Qué dices, chiquilla. Tú tienes que enamorar a más, que nunca se sabe... -casi no sabía lo que estaba diciendo, pero es que dudaba si insinuarla algo o no meterme en su vida. Me miró extrañada, lógicamente, y no supo qué decir, así que se levantó. -Voy a por un café, ¿quieres uno?- su barbilla quedaba a la altura de mi hombro. -Si no hay otra cosa -me encojí de hombros. -Bueno, a no ser que quieras un traguito de los "tesoros del jefe". -¿Perdón? -Sí, es que en su despacho guarda botellas de cristal... llenas, ya sabes. La miré con cara de niño malo, y ella me dirigió sus misteriosos ojos bordeados de maquillaje negro diciéndome "No pensarás...". -Si quieres, podemos adelantar un poco ...
    ... el fin de semana. -Sí claro, anda que no se daría cuenta. -Bueno, hay un bar cerca para reponer lo gastado. -Oye, de verdad, no lo estarás diciendo en serio. Me dirigí directamente al despacho de Juan Carlos. "Oye, oye, pero... pero qué... pero..." era lo único que podía articular ella mientras me seguía: oía los tacones de sus zapatos. Había pasado media hora. Ella se mostraba feliz, emocionada por compartir aspectos muy íntmos suyos, sentimientos y vivencias. En la mano tenía su primera copa. En la mesa del despacho reposaba mi cuarta. Así que era seis años menor que yo, nacida en Valencia y adicta a las historias con final triste. "Que una historia acabe con los protagonistas comiendo perdices para siempre es un timo", decía. Me levanté y me puse delante de ella. Lydia estaba sentada en la mesa. -¿Y cómo quieres que acabe ésta? -le pregunté. Lydia mojó sus labios en el licor, me miró alzando la cabeza, y preguntó: -¿Cuál? Acerqué mis labios a los suyos... y la besé. Su boca no se movía. Cuando terminé le dije: "ésta". Con sus ojos expresaba que el mundo se le había caído a los pies, y comenzó a negar lentamente con la cabeza. -Mejor... -no la dejé terminar, pues introduje delicadamente mi dedo índice derecho en su boca. Recorrí sus dientes, toqué su lengua... mientras ella cerraba los ojos. -Éjame vor favor -bálbuceó. Con la mano izquierda inicié caricias en sus delgadas piernas. -Cal-los, éjame.-repetía. Su mirada suplicaba clemencia. La mía, fascinación por aquella ...
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