1. Incesto forzado


    Fecha: 02/05/2019, Categorías: Incesto No Consentido Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... hermana debo esperar un tiempo hasta animarme a hacerlo. Acaricio su mejilla con ternura. Siento la textura de sus labios, los cuales están semiabiertos. Me tientan meter mi dedo adentro. Mi dedo y también mi sexo que ya se puso al palo. Pero la última vez que lo hice la desperté, y tuve que mentir, y decirle, que, estando su puerta abierta, vi que estaba descubierta y entré a acomodarle la sábana y el cubre cama. “que tontito, si hace calor” me dijo con indulgencia. Así que ahora retiro la mano de su boca, y bajo, hasta la parte más voluptuosa de su cuerpo. Toco sus nalgas con las yemas de los dedos. Siento su textura, su firmeza, y su suavidad. Llevo el dedo hasta su ano, y lo froto a través de la bombacha. Es entonces cuando hace un movimiento, y emite una palabra ininteligible. Sólo se está acomodando y hablando entre sueños. Se da vuelta, ahora con las tetas apuntando el techo. Me siento con suerte, no suelo tener la oportunidad de acariciarle las tetas, así que lo hago. Mis manos no dan abasto. Apenas puedo cubrirlas con las palmas bien abiertas. Las estrujo despacio, sólo lo suficiente para disfrutarlas. No quiero que se despierte. Tengo la verga más dura que una roca. Daría cualquier cosa por liberar tanta calentura. Mi sexo sobresale del bóxer, parece a punto de romper la tela que lo cubre. Froto mis labios con mi lengua, en un gesto espontáneo, humedeciéndolos. Se me hace agua la boca. Me inclino, acercando mi cara, sin apoyarme sobre la cama. Le doy un chupón a ...
    ... una teta, en la parte que no cubre el corpiño. Me gustaría enterrar la cara ahí, entre esas dos montañas de lujuria. Me gustaría subirme a la cama y cabalgar toda la noche a mi hermana. Ella hace un movimiento de cabeza, y estira la mano, como queriendo matar un mosquito. Tengo que tener cuidado, tengo que asegurarme de que no se dé cuenta de nada. Dejo de chuparle la teta. La piel le queda brillante, por la saliva que dejé sobre ella. Acaricio su pelvis, a través de la bombacha. Se la corro un poco, sin dejar de mirarla. Como no hace ningún movimiento, sigo adelante. Meto mano. Siento sus bellos vaginales, la forma de sus labios, y la humedad. ¿Acaso mi hermanita estaba teniendo sueños sucios? Meto la falange del índice, y lo saco empapado. Me lo llevo a la boca. Delicioso. Es tan rico, que quiero seguir saboreándolo. Le bajo la bombacha unos centímetros, y ahora meto mano con más facilidad. Ensucio mis dedos con sus fluidos. Su olor me fascina. En un impulso acerco mi rostro y le doy una lamida a su sexo. No puedo soportarlo. Quiero tomarme toda su esencia. Entierro mi cara entre sus piernas. La invado con mi lengua y con mi mano. Siento el fuerte olor a sexo. Me pierdo en la locura del incesto. Pero entonces ella despierta. ¿Qué pasa? ¿Qué haces Carlos? Pregunta, desconcertada. Yo saco mi cara mojada de entre sus piernas, y comprendo que no habrá explicación que valga. Estoy perdido, pero toda derrota tiene algo positivo. Ahora ya no tenía de qué preocuparme. Ya me había ...