1. La chica, la pelirroja


    Fecha: 19/05/2019, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Havelass, Fuente: CuentoRelatos

    ... tempestad. Tu boca caliente enloquece mi polla, tu coño calma mi hervor. Julia, te amo; por ti, lo dejo todo." Así terminaba el escrito epistolar, así lo leí, así supe que Ricardo me abandonaba. "Julia, ¿quién eres, Julia?" "¡Julia!, ¡¿quién es Julia?! ¡¿quién, Ricardo, quién?!", gritaba histérica por la casa mientras iba acercándome al dormitorio. "¿Quién, Ricardo?", preguntaba cuando entré; "Un personaje", respondió; "¿Lo dejas todo por un personaje?"; "Sí, ella ahora es todo para mí, vive en mí": "¿Y yo, Ricardo?"; "Fuiste también un personaje". Lo entendí todo. Me quité el pijama. Desabroché los botones de la camisa y quedaron mis tetas expuestas en la penumbra. Me saqué el pantalón levantando primero una pierna y luego la otra. Me acerqué a los pies de la cama para poder contemplar a Ricardo en calzoncillos tumbado de espaldas sobre nuestra cama. "Nuestra cama". Luego me arrodillé sobre el colchón, entre sus piernas y liberé su cipote de la leve tela; lo tomé con mi mano derecha, incliné mi espalda y lo metí entre mis labios, más adentro, hasta que pontocó sobre mi paladar, y comencé a mamarlo, abajo, arriba, con suavidad. Oía sus jadeos cada vez que mi lengua ...
    ... lamía su frenillo estirado; su cipote había engordado tanto que yo sólo podía respirar por la nariz para no asfixiarme. Noté la calentura del glande, sé que se correría si continuaba. Paré. Monté sobre su pubis y su empinada polla me ensartó con facilidad, penetrando dentro, desgarrando mis estrecheces, haciéndolas más sensibles. Mis tetas se mecían como globos sobre su cara, siendo capturadas por su boca a intervalos, siendo chupadas, casi masticadas por sus tensas mandíbulas. Iba a ser nuestro último polvo. Una apoteosis de fluidos y temblores orgásmicos nos esperaba. Pero tardaba. Exhausta por el esfuerzo, me dejé caer sobre su cuerpo. Entonces, Ricardo me volteó sin sacarme su venoso miembro ensanchado y cabalgó sobre mí, poseyéndome, entera, con mis brazos estirados en la almohada, enlazando sus dedos con los míos, sin darme tregua. Yo creía morirme; era más placer del que mi cuerpo podía soportar. Ricardo gritó, ronco, casi furioso; yo solté un lastimero quejido cuyo eco pude oír rebotado en las esquinas de todo el dormitorio; y sentí su chorro caliente en mi interior. "Oh, mi poeta, ¿cuándo volverás, cuándo volveré yo a ser de nuevo tu personaje, tu Pelirroja?" 
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