1. Teresa (cuarta parte de Los amantas de Ana)


    Fecha: 06/11/2017, Categorías: Confesiones Infidelidad Autor: Craso, Fuente: CuentoRelatos

    Pasaron varios días sin tener contacto con Mario, por un lado no quería ni verle, le odiaba por su sadismo y por haberme entregado a ese grupo de bestias, pero por otro lado, estaba impaciente por qué me llamara, su dominio sobre mí me volvía loca, y cómo voy a mentir, sobre todo por su formidable verga. Por fin a los cinco días recibí la ansiada llamada, era algo extraño, esta vez me propuso salir sólo a cenar, me dijo que le apetecía verme alguna vez sin que tuviésemos sexo, me dijo que no iríamos solos, que vendría con nosotros otra mujer que le encantaría presentarme, una buena amiga a la que le había hablado mucho de mí y que estaba deseosa de conocerme. “¿Qué pretendes esta vez?, ¿no querrás que ahora lo haga con una tía?” le inquirí; “tranquila, que solamente queríamos que vinieses a cenar con nosotros, pero si estás tan reticente mejor lo dejamos”, me respondió Mario. Finalmente le dije que iría, la verdad, es que me apetecía salir a cenar con otras personas, ya que me encontraría sola porque Fabián había tenido que asistir a un congreso durante todo el fin de semana y los niños estaban con sus abuelos en la playa. Quedamos en un bar del centro al que yo nunca había ido, un local en el que ponían música cubana. Cuando llegué estaban esperándome Mario y su amiga, Mario me presentó a Teresa, una mujer delgada y morena, más o menos de mi misma estatura, tendría unos diez años menos que yo, se le notaba su procedencia sudamericana en el habla y en su piel morena, era ...
     una mujer muy guapa y sensual, muy pero que muy atractiva; labios carnosos que los llevaba pintados de un rojo intenso, delgada pero con unos grandes pechos que parecían desafiar a la gravedad y una cintura estrecha que acababa en unas caderas y un culo espectacular, en fin, una envidia de cuerpo. Estuvimos un rato en el local tomando un par de mojitos, hasta que Teresa propuso que nos fuésemos a su apartamento a cenar lo que había estado preparando para nosotros aquella tarde, me quedé algo confusa, yo había pensado que Mario nos llevaría a algún restaurante a cenar, no dije nada ya que había sido sólo una interpretación mía. El apartamento de Teresa estaba situado a dos manzanas del bar, era realmente precioso, se notaba su buen gusto, desde que entré me sentí muy a gusto. Teresa era una excelente cocinera y la cena discurrió en un ambiente muy relajado, Mario era un buen conversador y las dos nos reímos mucho con él. Teresa me cayó estupendamente desde el principio, no era del tipo de mujer como eran mis amigas, y como yo había sido hasta hacía poco tiempo. Cuando acabamos de cenar Teresa me pidió que le ayudara a recoger la mesa y le dijo a Mario se quedase sentado, que era un desastre, que la última vez que se ofreció a fregar los platos le rompió dos copas. El que fuese yo solamente a ayudarle había sido sólo un pretexto para quedarse a solas conmigo y poder hablarme en confianza sin la presencia de Mario. Me contó que estaba al tanto de mis esporádicas relaciones con ...
«1234»