1. Bajo el cielo de Siberia (1)


    Fecha: 19/07/2019, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Barquidas, Fuente: CuentoRelatos

    ... entretenida, la amante, de un hermano, el pequeño, para serlo del otro, el mayor. Así de fácil… Y ella, hecha ya a no negarse a nada, respecto a los amos, se resignó a su suerte… Siempre fue así y así sería siempre, mientras el mundo fuera mundo y el sol luciera cada mañana Transcurrió otra hora y media, más sobrada que cumplida, de cabalgar y cabalgar, hasta que, finalmente, comenzaron a discurrir por las calles del pueblo-ciudad, hasta frenar Aleksei Aleksandrevich el caballo ante la posada del lugar; desmontó y ayudó a desmontar a la muchacha, tomándola por la cintura hasta ponerla en el suelo y juntos, cogidos ambos de la mano, penetraron en el hospedaje. Lo primero que él ordenó fue que se les preparara una habitación, un dormitorio, el mejor acomodado; seguidamente, que se les preparara algo para cenar, pues traían hambre los viajeros. Nadia se quiso excusar, aduciendo no tener hambre, a lo que él replicó con su habitual rotundidad ¡Bah!... ¡Cómo no vas a tener hambre si, seguro, que desde esta mañana no has metido bocado en el estómago!... ¡Anda, anda; déjate de pamplinas, niñerías, y prepárate a comer mientras tengas hambre ¡ Les sirvieron la cena, más que abundante, por cierto, que el joven viajero era más que conocido en todo esos derredores, y mejor llevarse bien con tan poderos señores; para Nadia, la cena fue de alivio, presa de una sensación la mar de desagradable, ante la perspectiva que se le cernía tan pronto acabaran de cenar y subieran al cuarto… Que ...
    ... resignada estaría, pero ya se sabe, que a la fuerza ahorcan, y no por gusto. Y, por fin, llegó el momento crítico, decisivo, podría decirse, cuando, acabado ya el condumio, Aleksei Aleksandrevich dijo de subir, finalmente, al cuarto. Casi como los cristianos salían a las fieras en los anfiteatros romanos, subió Nadia al dichoso dormitorio. Accedieron al fin, al cuarto de marras, que, en verdad, era casi regia, destacando esa gran cama, en la que parecía que uno se perdería, y qué decir de sus dos colchones, de pura lana, más que mullidos los dos… O la chimenea, con su buen fuego hecho ya rojizas ascuas, que calentaban la estancia sin agobiar con su calor, en aquella noche de fines de primavera-inicios del verano, pero que aún podía darse un relente en las madrugadas que podía calar hasta los huesos… O el samovar que campeaba en un rincón de la estancia, y que representaba disponer, permanentemente, del típico té, bebida más que popular en todas las Rusias. Aleksei, se adelantó, decidido hasta la cama y la abrió; luego se volvió a Nadia, se llegó hasta ella y la besó en la frente, persignándola con la señal de la Cruz sobre la frente; allí, en la frente, la besó, diciéndole finalmente. ¡Hala, pequeña!... Métete en la cama y a dormir… ¡Y, ni se te ocurra madrugar!; tú, en la cama hasta las diez de la mañana, como poco… Mañana por la mañana volveré, pues tenemos mucho que hacer; lo primero, encontrar un médico que te reconozca, te vigile el embarazo y te asista en el parto; luego, una ...
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