1. La reeducación de Areana (26)


    Fecha: 29/07/2019, Categorías: Dominación Lesbianas Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... goce oyó, no sin asombro, que Areana, con la cabeza gacha, le preguntaba con una vocesita que le sonó encantadora: -¿Puedo… puedo mirarla, señora Ricardina?... -Claro que sí, nena… Mirame, quiero que me mires… -alentó expectante mientras pensaba que a sus años no estaba nada mal. Areana levantó la cabeza despacio. Los gestos bruscos no formaban parte de su personalidad, de esa personalidad que había adquirido merced a su adiestramiento como esclava. Sus ojos recorrieron las piernas de la directora, largas y bien torneadas, las caderas amplias, el vientre plano, la cintura con alguna levísima adiposidad que no afectaba el conjunto, las tetas de volumen considerable, algo caídas pero aún muy apetecibles, de pezones oscuros que Areana vio erectos. Al terminar la recorrida visual por esa geografía femenina, la esclavita sintió que se mojaba cada vez más. Respiraba por la boca y podía dominar con esfuerzo el deseo de tocarse, algo que, como esclava que era, no podía permitirse sin autorización. La directora se dio cuenta del efecto que su cuerpo desnudo había causado en la alumna y entonces, alentada, decidió que era hora de pasar a la acción decisiva. Abrazó por la cintura a la esclavita y fue acercando su rostro a la cara de ella hasta que los labios se rozaron. Areana abrió la boca y se estremeció ante la invasión de esa lengua que le entró impetuosa, trenzándose en combate con su propia lengua. El beso fue largo e intenso y ambas lo repitieron una y otra vez mientras la ...
    ... directora acariciaba con ambas manos las nalgas de la niña y cada tanto se aventuraba por entre ellas con dos de sus dedos y probaba con uno de ellos la diminuta entradita haciendo gemir y estremecerse a la niña, cuyas piernas temblaban, tanto como temblaba la directora, que a partir de allí llevó la voz cantante. -Desocupá el escritorio, bebé. Poné todo en el piso. -Sí, señora Ricardina… -murmuró Areana antes de abocarse a la tarea con las mejillas ardiendo. Cuando terminó con lo que le había sido encomendado la directora, a su espalda, le ordenó que se inclinara un poco sobre el escritorio, apoyada sobre sus manos y Areana obedeció de inmediato luego del acostumbrado “Sí, señora…” En esa postura la directora tenía a su disposición cada centímetro de Areana, por delante y por detrás, todo su cuerpo y su rostro. Contempló a su presa durante un momento y luego se fue acercando muy lentamente hasta posar sus manos sobre esas nalguitas que de tan perfectas bien podrían haber sido obra de un escultor dotado por la magia. La esclavita dio un respingo al sentir el contacto y notó que de su concha manaba cada vez más flujo. La directora se inclinó sobre ella y le murmuró al oído sin dejar de acariciarle la cola: -Abrí bien las piernitas, bebé… -y cuando Areana las hubo abierto la directora ensalivó sus dedos medio e índice de la mano derecha para luego hundirlos en la concha de la esclavita mientras deslizaba su lengua y sus labios por los hombros de la niña. Areana jadeaba y gemía, presa ...
«1...3456»