1. El violador violado


    Fecha: 14/08/2019, Categorías: Gays No Consentido Autor: remyvelez, Fuente: CuentoRelatos

    Hola. Os cuento en esta ocasión una de las experiencias más bizarras de mi vida sexual. Cuando era yo más joven, mis padres solían ir a la playa los fines de semana incluso durante el curso. Yo allí me aburría bastante, así que me dedicaba a irme con la bicicleta y a leer, sin tener muchas expectativas de tener sexo. Una noche tuve una discusión con mis padres, ni recuerdo el motivo en realidad, cosas de chavales, así que me fui con la bici a despejarme y a fumarme un cigarro. Acabé finalmente en una vieja casa deshabitada, con un jardín enorme y alejada de casi todo. Por ese jardín paseaba mientras fumaba. Vestía un vaquero corto y una camiseta de tirantes, ya que en mayo en Murcia ya hace bastante calor. Cuando me senté en los escalones de la entrada con mi cigarro, oí de repente una voz grave que desde el lateral de la casa me pedía fuego. Me giré algo sorprendido y me encontré a un tipo mayor, unos cuarenta o así, vestido con un chándal y camiseta. Era moreno, con barba de días y bastante alto. Aún sorprendido murmuré que sí y saqué el mechero, pero al ofrecérselo me di cuenta de que el tipo no tenía cigarro. - Invítame a uno, anda -me dijo, echándole morro. No me daba buena espina y no estaba de buen humor en ese momento, así que le dije que no tenía y me levanté para irme. - Eh, tranquilo, no pasa nada, sólo quería un cigarro. - Bueno, pues suerte, me tengo que ir ya. - Joder, ¿qué prisa hay? Recogí mi mochila e hice ademán de irme hacia mi bici, cuando el tío, ...
     mirándome fijamente, se echó mano a la polla y se la apretó, remarcando un miembro muy grande. Durante un segundo me sorprendió su tamaño, pero continué girándome hacia mi bicicleta. El tipo algo debió de ver, o no y simplemente iba muy salido, y de dos veloces pasos se interpuso en mi camino repitiéndome "¿Qué prisa hay?". No tenía yo humor para nada en ese momento y empezaba a inquietarme, así que intenté rodearlo para ir a la bici murmurando que tenía que irme. Él volvió a interponerse y me dijo que por qué no me relajaba. Mi inquietud se incrementó y volví a intentar llegar a mi bici, pero él se interpuso de nuevo en mi camino con gesto ya serio: - ¿Quieres estarte quieto? Y mientras decía esto, me dio un empujón que me tiró al suelo. - ¡Pero qué cojones haces, capullo! -le grité yo indignado. Y de repente, sin que yo pudiera hacer nada, el tío se tiró encima de mí y empezó a sobarme todo el cuerpo. Yo me revolvía y le gritaba que me dejara en paz, pero su peso y su fuerza eran mucho mayores y no podía hacer nada para quitármelo de encima. - ¡Calla, coño! Estate quieto y será mejor. Yo ya muy asustado empecé a gritar y a pedir socorro, pero estaba a varios kilómetros de cualquier otra casa así que no valía de mucho. Por si acaso, el tío me tapó la boca con su manaza mientras con la otra empezaba a bajarme los pantalones, y pese a que me retorcía como una culebra, en menos de un minuto me quitó el pantalón y los calzoncillos. Intenté morderle la mano con la que me impedía gritar y ...
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