1. Sensaciones prohibidas


    Fecha: 10/11/2017, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Era tarde y llegué al hotel muy cansado, me dirigí al bar con la intención de tomar una copa y relajarme un poco, habíamos trabajado duro hoy y estaba cansado pero contento por los resultados. No había mucha gente, martes no es una buena noche en bares de hotel, había una mesa ocupada por tres asiáticos, otra más allá con una pareja mayor y la tercera donde había cuatro americanos observando el partido de básquet que pasaban por la televisión. Ella estaba sentada en la barra, cruzamos un par de miradas cuando entré en el lugar, con mí 1.87 de estatura y mis 100 kilos de peso, generalmente no paso desapercibido. La noté bastante "armada", pese a la distancia y a la penumbra, vestía un mini con nylon negras y una blusa escotada con una chaqueta blanca que cubría parcialmente un busto bastante generoso, pelo no muy largo, más una melena por encima de los hombros y el color parecía algo rojizo pero era difícil determinarlo. La segunda vez que cruzamos la mirada era cuando el mozo trajo mi trago, en esta ocasión yo la miré porque sentí su mirada puesta en mi. Algo exagerada en el maquillaje pero bastante atractiva, seguí con la mente ocupada por los eventos del día y no presté mayor atención. Decidí observar el partido en la televisión y pasarla tranquilo. Las ganas de fumar un cigarrillo me encontraron sin fuego, me acerqué a la barra a recoger uno y ella no desperdició la oportunidad de mostrarme una sonrisa encantadora, tenía ojos grandes y unos labios bastante atractivos, ...
     había algo, sin embargo, que no logré determinar entonces. "¿Día largo?", Me preguntó. "En realidad sí pero bastante productivo, ¿qué tal el tuyo?" Le dije, "así, así, ¿te molesta si te acompaño?", Preguntó, "para nada, será un placer", contesté. Se vino a mi mesa y ordené un trago para ella, mientras esperábamos se acomodó a mi derecha y pude sentir el aroma de un perfume muy agradable, también me di cuenta que tenía una voz medio ronca, como si estuviera algo resfriada, me preguntó mi nombre y cuando le pregunté el suyo se me quedó mirando por unos instantes como tratando de decidir si me lo daba o no, le dije que si no se sentía a gusto dándome su nombre que no se preocupara que no era muy importante aún. La pensó un rato y me pidió que le diera unos minutos antes de tomar la decisión. Seguimos con la conversación acerca de todo y de nada, tocamos temas como el de mi ocupación, de dónde era y qué planes tenía para la noche, le comenté en este tema, que no tenía planes y que en realidad estaba bastante cansado que pensaba ir mi habitación, darme un baño y ver si había una buena película, me contestó que eso sonaba bastante tranquilo y relajante. como a la media hora decidió que ya me conocía lo suficiente como para darme su nombre pero me previno que por favor reconociera el hecho de que sería completamente honesta y que si me causaba una decepción que estaba dispuesta a retirarse sin mayor problema ofreciendo inclusive pagar su consumo, bromeando le dije que si su nombre era ...
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