1. El placer de la sumisión y la esclavitud


    Fecha: 25/02/2019, Categorías: Dominación Tus Relatos Autor: Paulina_Minerva083, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... aquella postura tan incómoda y tensa, los brazos y las piernas mostraban los primeros signos de cansancio, las primeras babas se escapaban por las comisuras de mis labios, cuando llegó ella. No podía verla porque la venda de mis ojos lo impedía, pero si sentí su presencia cuando unió mis pezones con mis labios vaginales por medio de pinzas, unidas entre sí. El dolor se presentó de forma súbita e imprevista, no podía pensar solamente sentir cuando de pronto un fuerte golpe sobre mis nalgas me hizo reaccionar. Mi amiga me estaba azotando, sin saber el motivo que le impulsó a tomar semejante decisión, pero fui benévola con ella, si yo era de su propiedad y le apetecía golpearme, estaba en su derecho a hacerlo, aunque aquello no me gustase. Pero lo más sorprendente me ocurrió cuando apenas llevaba ya dos o tres golpes en mi culo cuando, en pocos segundos, comencé a notar que el placer me iba invadiendo, durante los minutos que duró el azote me vinieron dos o tres orgasmos como nunca los había tenido, ni siquiera cuando me masturbaba en la soledad de mi habitación había logrado disfrutar tanto.
    
    Después de ser azotada, sentía que mi culo ardía y Sonia comenzó a pasarme la mano suavemente, en su mano había algo frío que de forma gradual iba calmándome el dolor. Poco después me liberó y me ayudó a incorporarme y sobre la cama había otras prendas íntimas de color negro, prácticamente igual que la noche anterior salvo que ahora había un corsé que me ceñía totalmente mi torso, ...
    ... haciéndome difícil incluso la respiración, pero no me quejé a mi amiga. Poco después, se presentó con unos zapatos de tacón de aguja increíbles, serían unos quince o más centímetros de tacón, jamás había usado un tacón como aquel.
    
    · “Camina”, me dijo dulcemente.
    
    · “Sí…… MI AMA”, le contesté.
    
    Sonia no dijo nada, solamente me sonrió, y comencé a dar mis primeros pasos con esos zapatos. La verdad que esos primeros pasos eran horripilantes, apenas mantenía el equilibrio y varias veces estuvo cerca de mi para que no me cayese, cuando ya llevaba casi dos horas dando paseos por aquella habitación y mis pasos ya no eran tan torpes me sacó del dormitorio y me ordenó que me moviera por toda la casa y para evitar cualquier indicación o palabra por mi parte me volvió a colocar la pelota de goma en mi boca, y me hizo seguir caminando hasta el mediodía. Cuando llegó la hora de la comida, yo creí que nos íbamos a sentar juntas para comer pero Sonia tenía otras ideas con respecto hacia mí. Me encerró en su dormitorio, me retiró la pelota de la boca y me mantuvo a cuatro patas, cuando al rato regresó con dos bol para perros, uno con comida y otro con agua.
    
    · “Mientras estés en mi casa, este será tu plato favorito. ¡Así que come!”, me dijo autoritariamente.
    
    No quise racionalizar nada, quería dejarme llevar por el instinto y disfrutar del momento que estaba viviendo con la humillación de la que estaba siendo objeto, intuí que Sonia no querría que usase las manos por lo que acerqué mi ...
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