1. La vieja tetona


    Fecha: 06/09/2019, Categorías: Sexo con Maduras Tus Relatos Autor: Raúl , Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    Tengo que admitir que siempre he Sido gordo, pero bien dotado con una polla de 19 Cms, bien gruesa. Cuando tenía 30 años llegó a mi vecindario una pareja de esposos acompañados de una señora de 55 años, bajita, con poca nalga pero con una cara de arrecha única en su especie y unas tetotas enormes que parecía que la iban a hacer caerse hacia el frente.
    Una noche llegó después de una fiesta y no hubo quien le abriese la puerta de la casa y ella no tenía llave, así que me dispuse a hacerle compañía y conversar con ella mientras esperaba que llegará la hija o el yerno a abrir la casa. No paró de mirar mi abultada entrepierna toda la conversación. Llegó un momento en que me preguntó cuántas muchachas me había cogido y yo le dije que a mí me gustaban las mujeres mayores, entonces ella me sonrió sugestivamente. Nos despedimos, intercambiamos números de teléfono y volvimos a vernos una semana después en la casa de ella, porque me pidió que le ayude a programar un equipo de sonido. Volvimos a conversar sobre sexo y me confesó que el marido no la hacía feliz en la cama hacia mucho tiempo, eso me puso demasiado cachondo y se me paró durísimo la ...
     verga. Ella lo notó y comenzó a ventearse por el calor. Sus tetas se querían salir de la blusa cuyos botones ya no más explotaban y fue allí que le ofrecí sexo del bueno. Al principio se asustó porque creía que no era apropiado irrespetar así su casa aunque el esposo estuviera en otra ciudad. No tardé en masajearla para que se relajara aprovechando que mi bragueta rozaba su brazo, ella se dejó hasta que bajé mis manos a sus pechos. Se volvió a asustar pero allí comencé a besar su cuello y masajear sus enormes tetas, ella se estaba excitando pero tomó mis manos para separarlas, fue allí que me saqué la verga y ella quedó impresionada. Se la acerqué a la boca y no resistió más, me la mamó con la desesperación de quien no ha comido algunos días. Me la puso tan dura que le arranqué la blusa y le mamé durísimo las tetas, le mandé mano a la vulva y la tenía empapada. Le alcé la falda y le metí mi gruesa verga, le dolió pero le fascinó. Después de una media hora de incesante bombeo y mamada de tetas le descargué grandes chorros de semen en su coño. Fue maravilloso, lo volvimos a hacer unas veces después hasta que se mudó con el marido a otra ciudad. 
«1»