1. El sacrificio (5)


    Fecha: 30/11/2017, Categorías: Incesto Voyerismo Autor: orfeo, Fuente: CuentoRelatos

    Un día mi padre tuvo que viajar lejos a hacer unos trámites en la ciudad, lo que le llevaría a ausentarse unos días de casa. Pero mi madre y yo no estaríamos tan solos como esperábamos. Mi pieza necesitaba de algunas refacciones, así que Garmendia contrató a un hombre para que se encargara de ello. El hecho es que este hombre, del cual no recuerdo su nombre, por contratiempos de su agenda debía quedarse en la estancia para concluir el trabajo lo antes posible, así que mi madre le ofreció hospedaje en nuestra casa por un día. Yo dormiría en la habitación de mi madre, y el hombre en el sofá en el comedor. Durante mañana y tarde estuvo trabajando incansablemente, y mi madre cada tanto iba a cebarle mates y a hablar con él. Recuerdo ese día, lucía un vestido que le llegaba a mitad de sus muslos, escotada, blanca, de una tela muy suave que traslucía sus pezones y su tanga negra. En algunas ocasiones pude ver al hombre contemplando su escultórica figura mientras se inclinaba a tomar prendas de ropa para colgarlas en el tendedero. Luego a la noche. El huésped cenó con nosotros. Yo, recuerdo fui a acostarme temprano, porque me encontraba muy cansado. Me dormí escuchando a mi madre entrando en la habitación sigilosamente. A mitad de madrugada me despertó el susurro de un hombre, diciendo: “quédate quietita, y calladita". Levanté un poco mi cabeza y alcance a ver a mi madre, tendida boca abajo, mientras aquel hombre, recostado sobre ella, le bajaba su tanga suavemente. Este estaba ...
    ... desnudo, y pronto echó su trasero hacia atrás, bajando su mano hacia su entrepierna, para después colocar sus manos en los hombros de mi madre y penetrarla por detrás. Ella soltó un quejido, el cual acalló al hundir su rostro en el colchón de la cama. El hombre empezó a penetrarla mientras le susurraba al oído: ”Shh, calladita..." Aquella escena se volvió eterna para mí. Mi madre permanecía inmóvil. Podía ver sus redondos y voluptuosos pechos moviéndose al vaivén de las embestidas que recibía su cuerpo, aprisionado entre los brazos de aquel hombre que insaciable la penetraba haciendo rechinar la cama incesantemente. Mi madre cerraba los ojos, apretando sus dientes, conteniendo la respiración y envolviendo las sabanas entre sus dedos. La pobre intentaba reprimir sus gritos, pero el ininterrumpido ritmo de la penetración tornaba eso cada vez más difícil, haciendo que de vez en cuando se le escapara algún agudo quejido. Poco a poco el hombre empezó a intensificar sus movimientos, afirmando más su cuerpo, y hundiendo su pera sobre el hombro izquierdo de mi madre. Ambos comenzaron a jadear al unísono, mientras la cama sonaba cada vez más fuerte. Fue entonces que ella dijo: "Me duele, me duele", a lo que él contesto: “ahí vengo, ahí vengo, toma la lechita, toma lechitaaa... Aaahh... aaaaaa, aaaaa, putaaa, aaa... aa!!!!". Luego de eso, cayó definitivamente rendido sobre la espalda de mi madre... Pasado unos minutos, el hombre se inclinó, y salió rápidamente de la habitación. De pronto ...
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