1. Suegra atendida


    Fecha: 12/12/2017, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Mi historia es la siguiente, mi esposa y yo vivimos cómodamente gracias a nuestros trabajos, ya que los dos somos profesionales. Mi esposa es una mujer de 24 años de cuerpo normal, unos pechos redondos y pequeños, unas caderas estrechas y un trasero muy apetitoso, del cual disfruto cada vez que nos entregamos a los placeres del sexo. Yo tengo 25 años, me mantengo en forma ya que soy miembro de un equipo de fútbol del barrio, mi esposa dice que tengo muy buenas piernas y sobretodo lo que más le gusta de mí es mi verga de 18 cm y bastante gruesa, dice que es la única y mejor verga que pudo haber encontrado. Ella disfruta realmente con esta. La historia que les voy a contar esta mas relacionada con mi suegra una mujer de 54 años, bastante conservada para su edad, posee esa belleza que solo la madurez concede a algunas mujeres, es una mujer muy seria, tiene un porte autoritario, sabe vestir muy bien aunque bastante recatada, siempre usa vestidos formales y usa su cabello recogido sobre sus hombros, esto le da un aire de seriedad y sensualidad a la vez. Es relativamente alta y un cuerpo fenomenal. Mi suegro es bastante mayor que ella, tiene 61 años, pero por su trabajo parece aún mayor, es un poco bajo y calvo, su estomago saliente demuestra que come mucho, esto lo hace verse aún más envejecido. Sus padres vivían en otra ciudad, pero por motivos de salud por parte de mi suegro, tuvieron que trasladarse temporalmente a nuestra casa, para seguir un tratamiento en una clínica cerca ...
    ... de nuestra ciudad. Yo soy un hombre bastante desinhibido, por lo que regularmente cuando estoy solo en casa con mi esposa acostumbraba andar en ropa interior, por lo general calzoncillos diminutos que siempre marcaban mi herramienta. Esta costumbre tuvo que parar cuando mis suegros se pasaron con nosotros, se instalaron en la habitación junto a la nuestra, así podríamos atender cualquier necesidad que tuvieran en algún momento, y más durante las horas de noche. He de agregar que mi costumbre de andar en calzoncillos en mi casa no fue lo único que debí regular, pues con sus padres durmiendo en la habitación continua, nuestras sesiones de sexo tuvieron que ser más recatadas y con menor expresividad, por lo que nuestras relaciones sexuales empezaron a consistir en besar a mi esposa, acariciar sus tetas unos minutos, abrir sus piernas y meter mi verga dentro de su vagina, empujarla por algunos minutos en su interior y correrme en forma silenciosa. A todo esto mi esposa respondía con ahogados suspiros, decía que no quería que sus padres nos fueran a escuchar. En más de una ocasión después de haber terminado sobre ella, debí retirarme al baño y masturbarme nuevamente para sacar de mí toda la excitación que aún quedaba acumulada después de esas frías sesiones sexuales. Con el paso de las semanas mi suegro tuvo que ser hospitalizado en la clínica pues su salud no mejoraba al contrario, iba en declive. Así fue como mi esposa y su madre, mi suegra, se turnaban para cuidar a su padre en ...
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