1. Con la chica del aseo


    Fecha: 05/01/2018, Categorías: Tabú Autor: Arandirelatos, Fuente: xHamster

    Entre Ariadna y yo ya no nos dábamos abasto con los quehaceres domésticos y el cuidado de nuestro hijo. Las tareas cotidianas nos abrumaban y, a decir verdad, asfixiaban nuestro matrimonio, así que salió de ella misma la propuesta de contratar a una chica para que nos ayudara en la casa.Si bien es lógico que la sola idea de una mujer más joven en casa me azuzara las gónadas, al principio no me simpatizó dicha proposición, pues tendría que desembolsar una cantidad considerable para su salario. Cantidad que en esos días ya había pensado invertir en darme el gusto de armarme mi propio gimnasio en casa. No obstante, no podía negar que la ayuda extra nos vendría bien.Así que, una vez tomada la decisión, comencé a visualizar a la jovencita que contrataríamos. Fantaseaba con su fina o cachonda apariencia; a veces me la imaginaba jovencilla e ingenua, otras la visualizaba madura, pero bien sabrosa y experimentada. Los cachondos escenarios que aquella situación podría brindarme me tenían en vela por las noches.Incluso cedí el cuarto donde tenía destinado hacer mi mini gimnasio para que allí se instalara la muchacha.Fueron mis suegros quienes, al final, nos la enviaron. Venía del pueblo de mi suegra, ya que ella conocía muy bien a sus padres. Su nombre:María. Venía con buenas referencias. Una vez hubo llegado, me di cuenta que no era todo lo que esperaba, la verdad.De veintitantos años; morocha; de frente amplia.No obstante, pese a que no concordaba en nada con mi ideal, desde el ...
    ... primer momento en que la vi me visualicé penetrándola, esforzándome por hacerla gemir. Traté de no parecer demasiado obvio, pero creo que ella sí que notó mi deseo:Un día me la tendría que coger. Sólo deseé que mi esposa no percibiera aquel anhelo.Desde su llegada se encargó de la limpieza, la comida y de cuidar al niño de vez en cuando.Mientras la veía trabajar, María me gustaba cada día más. No es que fuera una belleza totalmente agraciada, para nada, pero es que me parecía muy pero que muy simpática. Se le notaba la frescura de esas chicas de provincia que dejan todo con tal de salir adelante. Y yo admiro a ese tipo de mujeres.Al verla realizar la limpieza me inundaban las ganas de conocerla desnuda. De sentir su desnudez en mi piel. De morder... de aferrarme a sus prietas carnes. Esas carnes que tanto se afanaban en el trabajo.Cuando se inclinaba de vez en cuando, yo la miraba desde sus pantorrillas, subiendo por sus piernas, hasta que éstas se transformaban en unas ensanchadas caderas, de las que ya me imaginaba afianzarme para darle unos fuertes empujones de verga.Me daban ganas de penetrarla ahí mismo.Como si pudiera verla sin ropa, una erección comenzaba a destacarse bajo mi pantalón. Hubo una ocasión en la que ella incluso lo notó y, para mi sorpresa, se sonrió, aunque sin decir nada. Creo que yo me avergoncé más que ella; si bien la deseaba, hasta ese momento no estaba seguro de cómo reaccionaría María a mis aspiraciones. ¿Acaso las chaquetas nocturnas hechas en su honor ...
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