1. Angel de la guarda (I)


    Fecha: 01/09/2017, Categorías: Hetero Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... arroparlo con las frazadas. Le dije que ella podía hacer lo mismo y que yo me retiraba al estudio para continuar con mi trabajo, que en la cocina había lo necesario para que se preparase lo que quisiera; un café, sándwich o lo que le apeteciera y que no le costaría ni un solo centavo. Me recordó que ejercía la profesión de prostituta y que estaba acostumbrada a dormirse hasta bien entrada la noche, a veces hasta que amanecía. No supe qué responder y mi rostro dibujó una incomprensible sonrisa que con más acierto que mis palabras, logró expresar una impotencia por las cosas que los seres humanos nos vemos obligados a sufrir por azares del destino, le dije que de todas maneras, estaría en mi estudio trabajando, por si algo se le ofrecía. Fue entonces que de sus labios salió una frase que nunca olvidaré, me tocó hasta el fondo: -Usted es mi Ángel de la Guarda... Me dispuse a trabajar en mi proyecto y vi cómo Silvia se sentaba en la sala a ver una película. Cuando trabajo, el tiempo pasa volando; de esa manera la noche pasó a ser madrugada y al ver el reloj, me percaté de que ya eran las 2:00, por lo que apagué mi PC y me dirigía hacia mi dormitorio y ahí recordé que tenía huéspedes. Al salir a la sala vi que la TV seguía encendida y me acerqué hasta el sofá donde estaba Silvia, quien se había quedado profundamente dormida, por lo que me fui acercando hacia ella para decirle que se fuera a descansar a la cama. Se encontraba su cabeza apoyada en uno de los brazos del mueble, ...
    ... mientras su cuerpo yacía a lo largo de éste, su carita mostraba una expresión angelical y no pude resistir la tentación de admirar sus finas facciones, adornadas por unas cejas preciosas, como a mí me gustan, los brazos los había cruzado a la altura de su estómago y hacían presión sobre sus nada despreciables senos que mostraban su parte superior a través de un escote bastante provocador. Si algo se le podía reprochar a Silvita, era que se evidenciaba un exceso de maquillaje que en algo disminuía la belleza natural de su rostro, y habiéndome deleitado a satisfacción, me dispuse a despertarla; pero en ese momento ella hizo un movimiento que me obligó a detenerme en el acto, y es que su minifalda se había recorrido hasta mostrar su entrepierna y unos lindos muslos mostraban su exquisitez, recorrí su anatomía y divisé con claridad una preciosa conchita que oscurecía el bikini rojo en ese sensual triangulito que vuelve loco hasta al más frígido. En cierto momento sentí miedo de ser descubierto en mi indiscreción y que mi erección delatara los más oscuros deseos que a toda costa trataba de ocultar a mi inesperada huésped, fui hacia la cocina y me acomodé el aparato de tal forma que se disimulara su estado, y al haber calmado mis instintos animales me dirigí hacia Silvia con la decisión de despertarla sin mirar su intimidad o de lo contrario volvería a ser presa de su sensual belleza. Posé mi mano sobre las de ella y la moví despacio al tiempo que la llamaba por su nombre, pero el ...
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