1. Violador a medianoche


    Fecha: 16/01/2018, Categorías: BDSM No Consentido Autor: Lib99, Fuente: CuentoRelatos

    – I – La cerradura saltó con facilidad. Con su experiencia pocas eran las que se le resistían, pero ésta ni siquiera había supuesto un reto. Aguardó unos instantes a que sus ojos se adaptaran a la oscuridad. Cruzo el corto pasillo, lanzando rápidas miradas al interior de las diferentes piezas para asegurarse de que no había invitados inesperados y se detuvo ante el dormitorio. A través de la puerta abierta pudo intuirla sobre la cama, durmiendo. Las sábanas se arremolinaban a su lado, seguramente apartadas por el calor nocturno, dejando al descubierto su cuerpo vestido sólo con una corta camiseta. Tumbada de lado, boca abajo, con las piernas entreabiertas, pudo disfrutar de las redondas formas del culo y, entre sombras, percibió los labios de la vagina. La sola imaginación del olor a sexo aceleró su excitación. Se desprendió de su gabardina, mostrando una anatomía cuidadosamente trabajada en el gimnasio y perfectamente depilada, pubis incluido. Diversos piercings la adornaban, en los pezones, el ombligo, el frenillo, el escroto… Como única prenda lucía unos pantis con abertura entre las piernas, dejando al descubierto culo y genitales, y unas botas acharoladas, de caña alta y puntiagudo tacón. Se agachó y recogió la braguita que descansaba enrollada e indolente sobre la alfombra, a los pies de la cama. Apenas dos mínimos triángulos de tela traslúcida unidos por una tira elástica. Disfrutó de su delicado tacto y la aproximó a su cara, inspirando profundamente para captar el ...
    ... olor que la impregnaba. A continuación se la puso, aunque la ajustada prenda apenas podía contener su fuerte erección. Se aproximó a la cama y con sumo cuidado se subió a ella. Arrimó su rostro a la entrepierna de la mujer, un valle en penumbra, y captó el mismo aroma, más fuerte, que había saboreado en la braga. La proximidad de la jugosa hendidura le arrancó un suspiro. Con suma delicadeza su lengua se posó sobre los labios, cerrados y relajados, lamiéndolos con deleite. La mujer emitió un leve ronroneo y reacomodó sus caderas, abriendo las piernas, como si inconscientemente quisiera facilitar el acceso a su sexo. Audaz, el intruso colocó sus manos sobre los glúteos y los separó, pudiendo introducir su lengua entre aquellos labios que comenzaban a despertar, abriéndose a las caricias del serpenteante y húmedo apéndice. Lamió y jugueteó con la vagina, hasta lograr una abundante lubricación, síntoma de que su dormida víctima respondía excitada a sus caricias. Salió entonces de entre sus piernas y admiró el cuerpo que tan bien conocía, después de sus prolongadas vigilancias. Alta y estilizada, de anatomía atlética y rotunda, sus elegantes movimientos le conferían un aura de seguridad y cierto descaro; la corta cabellera rubia y su claro cutis, habitualmente sin maquillaje, le aportaban un aire de juvenil frescura. Allí tumbada culminaba las mejores fantasías del intruso, que infinidad de veces se la había imaginado desnuda; no pudo resistir el impulso de extraer su polla de la ...
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