1. Enseñando a montar a caballo a mi sobrina Mariana


    Fecha: 07/03/2018, Categorías: Incesto Confesiones Autor: brandonloredo, Fuente: CuentoRelatos

    ... de milla, y le dije a Ana, ¿te ayudo a subir? -me dan miedo los caballos tío, ayúdame y súbete conmigo. –claro de eso se trata. La tome por la cintura y la subí, ella abrió sus piernas y se sentó, sus muslos quedaron al desnudo, y yo de un salto subí tras de ella, y la tome por la cintura, dimos rinda al corcel. Al suave caminar del animal por la pradera me permitió disfrutar de su presencia juvenil, su cabello al vuelo del aire, y su fragancia de mujer en mi olfato, su cuerpo tibio y sugerente, pegado al mío, sus caderas pegadas a mi paquete, que empezó a responder a la feromonas de la hembra en celo. Había luna llena, y el reflejo de la luz daba tintes de plata a los árboles y a la hierba, y ahí en una escena de cine lúdico, ella y yo cabalgando por la pradera, unidos por el deseo carnal y la sensación de lo prohibido, que ansiaba saciar sus instintos. Le bese suavemente el cuello y ella respondió con un murmullo de placer, sin duda le excitaba que la besara en ciertos lugares erógenos, mis manos en su breve cintura subieron a sus pechos duros como melones, buscando sus pezones, y ella volvió a responder con suavidad, estremeciéndose. Yo intentaría que olvidara al bruto de su novio. Mis manos magreaban aquellas tetas firmes y deseosas de caricias suaves y seductoras, y murmure en su oído, -te extrañe tanto pequeña, y ella asintió con la cabeza, sin duda disfrutaba el momento como yo. Luego deslice mis manos a sus piernas, el vestido se había subido hasta la cintura, ...
    ... dejando al descubierto su puchita candente, y yo dirigí mis manos hacia ahí, buscando su clítoris, para darle el placer que merecía esa cosita tan rica, y la encontré ya excitada y crecida, y mis dedos recorrieron la longitud de su rajita, y al llegar metí suavemente mis dedos. Ella gemía levemente, lo disfrutaba mucho, y con los ojos cerrados hecho su cuerpo hacia atrás, abandonándose a mis brazos, y yo la sostuve, y me ofreció el néctar de sus labios jugosos y suaves. El beso fue de antología, yo bebí su aliento candente, y disfrute sus labios como si fuera ambrosia caída del cielo. Le ayude a despojarse de su ropa, subí su vestido que era de una pieza y lo saque por encima de su cabeza, y quedo en ropa interior, luego yo me despoje como pude de mi ropa quedando sin nada, en pelotas, y ella también se quitó el resto, los dos desnudos completamente cabalgando por la pradera. La luna iluminaba su cuerpo escultural, dándole aspecto irreal, sus tetas redondas y firmes se mecían al vaivén del trote, y su cuerpo reflejaba la luz de la luna que la vestía de plata pura. Mi virilidad respondió en el acto, poniéndose durísima y ella lo noto, y volviendo su rostro me dijo; –¡Hazme tuya tío precioso, cógeme! Sin duda el momento era propicio, el alcohol, la desilusión de su novio, el caballo, la pradera solitaria, una noche de lujuria y pasión se desataba. -Yo le acaricie y le bese hasta su sombra, diría Arjona, y mis manos no dejaron ningún lugar sin tocar, sin palpar, mis dientes mordían ...