1. Hijas del Sol Naciente p2


    Fecha: 27/04/2018, Categorías: BDSM Fetichismo Autor: pepejuxn, Fuente: xHamster

    ... me decía:- Te has portado muy bien, mereces un premio. Así que te haré el amor hasta que te corras. - Y siguió empujándome por detrás. Tras unos larguísimos minutos, empezó a subir su ritmo, y las suaves embestidas se convirtieron en un martilleo rápido y continuo; Makoto se incorporó, y quedando de rodillas se agarró a mis caderas, clavando en ellas sus uñas, estrujando mi piel entre sus manos. Me penetraba con violencia, empujándome con todas sus fuerzas. Tanto, que el consolador se hundía cada vez más, y cuando entraba notaba una punzada en el fondo de mis entrañas, un placer morboso, una especie de dolor intermitente que no deseaba que acabase, al contrario, quería que aquella cosa quedase dentro de mí, para experimentar con aquel dolor, para saber hasta qué punto podía soportarlo.Mientras tanto mi pene no había bajado ni un centímetro, y mi glande parecía querer escaparse lejos, lejos de mi verga, al tiempo que chorreaba. A pesar del tiempo que llevábamos follando, todavía no me había corrido; Makoto no desesperaba, y cada vez me penetraba más y más fuerte, más y más rápido. Llegué a notar la base del consolador, que se ensanchaba para apoyarse en el pubis, dentro de mí, a la vez que su otro extremo llegaba más lejos que nunca. El dolor punzante se convirtió en un éxtasis, casi continuo por la velocidad a la que lo movía Makoto, y por fin me corrí salvajemente, con numerosas y abundantes oleadas de semen que, incontroladas, salían hacia delante hasta formar un ...
    ... pequeño charco en la sábana.Makoto, satisfecha de sí misma, me sacó de un golpe el consolador. El largo rato que nos llevó aquello hizo que sintiera después una sensación hormigueante, de adormecimiento. Se quitó las correas, se sentó, y empezó a acariciarme. - Lo has hecho muy bien. - Dijo distraída, con la mirada perdida; y mientras me acariciaba con la mano derecha, dirigió la izquierda hacia el pubis, y se masturbó. Yo la observaba, embelesado por la belleza de aquella diosa japonesa; Makoto alargó su larga pierna, blanca, estilizada, y estirando el pie lo frotó por la sábana, justo en el lugar donde yo me había corrido. Con sus dedos recogió todo el semen que pudo, encogiéndolos y estirándolos, acariciando la sábana en círculos. Después dobló la rodilla y quedó sentada, con las piernas abiertas y dobladas, y las plantas de los pies apoyadas muy cerca de ellas. Mientras usaba una mano para masturbarse, con la otra acariciaba sus pechos, pellizcaba sus pezones, o bien metía las yemas de los dedos en su boca, humedeciéndolas con los labios, para inmediatamente sacarlas y seguir acariciándose. - Chúpame el pie - dijo mientras extendía la pierna hacia mí, y su pie empapado en semen quedaba a mi alcance.Su pie delicado, blanco, que introduje en mi boca. Makoto estiró el tobillo, y el semen comenzó a escurrir por mi garganta. Cuando acabó el goteo, me saqué el pie y comencé a lamerlo, saboreando mi propio semen. No era la primera vez, pero la mezcla de su sabor con la del sudor de ...