1. Fantasias premonitorias


    Fecha: 31/05/2018, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Madrid, al que yo voy frecuentemente. Me dijo que sí y nos acercamos andando. Una vez allí, y sin previo aviso le cogí del brazo y nos metimos en los aseos, que son muy grandes y disponen de un retrete muy amplio, poco frecuentado, aislado y muy muy limpio. Ella estaba completamente sorprendida, y la verdad es que me esperaba cualquier reacción. Pero como sabía que ya había dado el paso, tenía que apostar fuerte. Una vez dentro del cuarto, eché el cerrojo y sin mediar palabra la apreté contra la pared y puse mi paquete pegado, yo diría soldado a su falda. Ella llevaba una falda corta, mostrando sus bonitas piernas y una camisa blanca con los dos primeros botones abiertos, pudiendo observarse con claridad el inicio de la curvatura de unos precisos pechos que posee, así como unos increíbles pezones cuya aureola podía vislumbrarse a través del sujetador. Su reacción fue en un primer momento de sorpresa pero al instante mostró su conformidad, pegó un pequeño saltito y rodeó con sus piernas mi cintura. Comenzamos a abrazarnos de forma apasionada. Mis manos sujetaban su culo que quedaba en suspesión, y poco a poco la falda iba cediendo hasta quedar remangada en la cintura. Le hice quedarse de pié, y liberadas mis manos, comencé a desabrocharle la camisa y el sujetador. Una vez hube liberado sus pechos, que por cierto eran inmensamente más hermosos de lo que jamás pude antes imaginar, los apreté con ambas manos mientras con la cintura continuaba mi presión sobre la suya, haciendo ...
    ... que nuestros sexos, cada vez más ardientes se unieran hasta parecer uno sólo. Mientras tanto, nuestros movimientos eran acompañados por unos besos, en ocasiones pequeños mordiscos, que provocaban que en el ambiente se percibiera el sonido cada vez más intenso de las respiraciones de ambos. Hábilmente, Zaida desabrochó de una sola maniobra mi pantalón que como un elemento más sujeto a la ley de la gravedad cayó al suelo. Por aquel entonces mi polla no sabía de tendencias gravitatorias y se encontraba completamente empalmado y duro como nunca antes lo había sentido. Ella comenzó a tocarme por encima del calzoncillo, que era un modelo de Calvin Clain de los que quedan ceñidos al cuerpo, realizando sutiles caricias a todo mi paquete, sin precipitar la salida al exterior de mi polla, para de esta forma conseguir el máximo de excitación posible. Yo mientras tanto, estaba besando y lamiendo sus pechos, dedicándole especial atención a sus pezones que estaban completamente erizados, mientras con las manos ya había accedido a su coño y comenzaba a acariciar un sexo que se encontraba totalmente empapado. Con el dedo anular localicé el clítoris y una vez hallado empecé una suave caricia mediante movimientos circulares que hizo que se arqueara y gimiera de forma maravillosa. Tras unos segundos estimulándole el clitorix con una mano, e introduciendo los dedos en su vagina con la otra, me pidió, mejor dicho me suplicó, que la penetrara. Como os podeis imaginar mis ganas de follármela eran al ...
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