1. Verano caliente con Gerardo


    Fecha: 27/09/2017, Categorías: Transexuales Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... aflojaba. Cuando la sacó, un rastro de leche se salió de mi cola y se derramó por las piernas. De mi propia pija blanda seguía brotando otro hilo transparente que cayó, indiferente, en el piso. M e acomodé la bombacha y el vestido, me di vuelta, sonreí y me interné en la casa en busca de dos cervezas. Cuando volví Gerardo estaba en la pileta. No había nada que decir, así que estuvimos callados, cada uno en la suya, por un larguísimo rato. Una mezcla de sensaciones impactaba en mi cabeza y se repartían por mi cuerpo. Dolor y placer me habían llegado en oleadas y todavía sentía el éxtasis en el centro de mi cola. El recuerdo de Gerardo adentro mío me erizaba la piel estremeciéndome. Lo había hecho, me había cogido a mi primer hombre, se la había chupado, me había besado, era mi primo. ¿Y si contaba? Porque podía contar; no, no iba a contar. Cuando la sacó me dolió y después vino el alivio y otra vez las ganas inmediatas de que volviera a entrar. Ahora mismo me moría de ganas de hacerlo de nuevo. Una brisa fresca se levantó en la noche. Mi cerebro regurgitaba imágenes como un rumiante: el instante en que la cola se abrió para brindarse, generosa, a la entrada de Gerardo, el jadeo tibio en mi espalda, el dolor agudo que se mezclaba de un placer infinito, la carne dura que entraba y salía, los gritos de mi primo en medio de espasmos, acabándome, llenándome, su hembra, su puta, su amante. La noche se puso fría y entré a cambiarme. Me puse una calza bien apretada que me marcaba el ...
    ... culo redondo y se metía entre mis nalgas, dividiéndolas; una camisa de seda blanca semitransparente, con botones adelante y una chalina suave de abrigo. Me retoque el labial. Estaba decidido a seguir siendo una chica hasta que Gerardo dijera lo contrario. Volví caminando hacia él parado en mis sandalias de taco. Se ve que le gustó porque me miró con ganas. A mí me encantó. Entramos a la casa, yo por delante. Como las noches anteriores, nos quedamos charlando hasta la madrugada. Nos contamos historias, reímos, yo me emocioné. Aunque yo ya no era yo. No disimulé más y toda la gestualidad femenina que había evitado brotó natural y desenfadada. Me fascinaba el juego de seducción que se instaló entre nosotros ahora que había dejado de actuar. Lo envolví con mis ademanes, el movimiento de mis manos, mis mohines. Todo mi cuerpo se soltó aunque sin excesos. Odiaba el ademán exagerado de los maricas que quieren ser más mujer que las mujeres mismas. Me levanté a poner algo de música y él me tomó de las manos con un “¿Vamos a bailar?”. Levanté los brazos y le rodee el cuello. Sus dos manos se deslizaron por detrás de mi cintura atrayéndome hacia él. Me dejé llevar. Su pierna derecha se instaló entre las mías y por momentos avanzaba con el ritmo de la música abriéndome, frotándose. Al ponerme la calza había ocultado hacía atrás mis genitales. La pija de Gerardo volvió a crecer, la sentía rozándose en mi pierna y me alegré. Su boca besaba de arriba abajo mi cuello y se metía por el escote ...
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