1. La reeducación de Areana (20)


    Fecha: 27/09/2017, Categorías: Dominación, Lesbianas, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    En ese estado emocional intenso tomó con ambas manos el ruedo de la breve faldita escocesa y la fue haciendo ascender hasta que la tuvo en la cintura y a la vista quedó la bombacha blanca de algodón reglamentaria. Fue la Godínez quien se ocupó de bajar esa prenda hasta los tobillos de Areana, cuyos lindos muslos y bello culito quedaron totalmente al desnudo. La profesora era una ultracatólica preconciliar practicante e iba a misa todos los domingos, aunque lamentaba que ya no se la oficiara en latín. Cada vez que tenía en sus manos a una alumna a la que iba a castigar sentía una fuerte excitación si la niña era atractiva y siempre lo era, porque no se preocupaba por aquellas alumnas feas por más indisciplinadas que fueran. Extraviada entre una férrea moralina y fuertes deseos homosexuales negaba su lesbianismo y, por el contrario, pensaba que las mujeres bellas eran todas enviadas por Satanás como agentes del pecado. En su caso, eran culpables de provocarle deseos prohibidos “por Dios, por la moral y las buenas costumbres”, de modo que en secreto, sólo para si misma, añadía para el castigo esa condición de enviadas del Diablo a la falta disciplinaria que la alumna de turno había cometido. Godínez era, además, una experta y apasionada spanker con años de experiencia en esa práctica y sentía que el cuerpo femenino era ideal para ser azotado, por lo redondeado de sus formas y la morbidez de sus carnes. “Hermoso ejemplar para hacerle sentir el rigor de una buena paliza.” –se ... dijo, pero antes quería explicarle a la alumna cuál era e iba a ser su situación de ahí en más. Apoyó la regla sobre las ancas de Areana y al advertir que la niña temblaba le advirtió: -Trate de que la regla no se caiga, Kauffman, se lo digo por su bien. -Sí, señora… -aceptó la alumna y entonces la Godínez, mientras se paseaba a sus espaldas sin dejar de observar las nalguitas y los muslos de su presa, comenzó a hablarle: -Escúcheme con atención, alumna. Cuando me incorporé como docente a este establecimiento y tuve la primera entrevista con la directora y la vice les dejé bien en claro cuál es mi postura en cuanto a la disciplina: rigor absoluto, tolerancia 0. Estuvieron de acuerdo y fue entonces que me hablaron de usted, Kauffman, admitiendo que no sabían cómo controlar su pésima conducta. Les pregunté si me daban carta blanca y me dijeron que sí. Bueno, alumna, y acá estamos entonces, en el comienzo del tratamiento disciplinario al que voy a someterla hasta lograr que se comporte como yo quiero y corresponde. Areana estaba agitada por distintas sensaciones que bullían en su interior, desde la curiosidad casi frívola por saber cómo se sentiría esa regla en las nalgas, ya que nunca había sido castigada con ese instrumento, hasta el fuerte impulso de entregarse sin resistencia al autoritarismo dominante de la profesora y demostrarle que ella ya no era aquella rebelde insoportable sino una perra faldera de tan sumisa y ahí estaba su goce, en ser dominada y obedecer, en ser ...
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