1. Una tarde de sexo


    Fecha: 24/06/2018, Categorías: Erotismo y Amor Fantasías Eróticas Autor: Gatitos, Fuente: CuentoRelatos

    ... minutos, al notar su piel de gallina al rozar por enésima vez su vagina, le di la orden de que se voltee. Ella complacida accedió después de levantar otra vez su bombachita. Al terminar de acomodarse y cerrar sus ojos, retiré su corpiño y lo arrojé lejos. Ella dio otro pequeño suspiro y sonrió pícaramente. Ésta vez comencé por sus brazos, pasando por sus hombros, bajando lentamente por todo su torso y terminando justo antes de chocar con su ropa interior. Su piel de gallina y sus pequeños gemidos ya no eran disimulables, y ese me excitaba mucho. Después de unos minutos así, me centré sobre sus pequeños y deliciosos pechos, sosteniendo uno con cada mano. Los hice girar unos instantes, hasta que me abalancé sobre ellos con mí boca, lamiendo, chupando y mordiendo por turnos sus pezones, los cuales ya estaban súper duritos. Sus gemidos ya eran muchos más audibles, abrió sus ojos como platos al sentir el contacto de mí boca y volvió a cerrarlos poniendo una mueca de mucho placer. -Ay, sí, mi bebota. Tome la teta.-Ella ya dominaba la situación, con sus manos en mí nuca guiaba mí cabeza de pezón a pezón, sin dejar que me detenga. -ay, me encanta- Cuando pude liberarme, su perfume había despertado en mí un deseo extraordinario. Su cuello me llamaba. Lo bese incontables veces, lo lamí, lo mordí y le dejé un par de chupones sin darme cuenta. Ella gemía como loca, aferrándose a mí cuello y frotando su entrepierna contra la mía. Estuvimos así hasta que tuvo su primer orgasmo. Cuando su ...
    ... respiración volvió a la normalidad, dije: -Ahora les toca a tus piernas- Ella volteó sonriente, volviendo otra vez a su pose inicial relajada. Bajé hasta sus muslos, masajeando uno con cada mano. Cada vez me acercaba más al interior de sus piernas, lo que provocaba que, acompañado de pequeños gemidos, levante su pelvis, dejando más expuesta su feminidad. Ya podía sentir su humedad y su calor. Solo cuando casi se arrodilla contra mí cara, fue que toque su ropa interior. La tela estaba toda mojada, y al notar el contacto empezó a gemir como una gatita. Acerque mí cara a esa preciosidad. Su olor era exquisito, pedía a gritos que la coma. Con mis dientes la despojé de la última prenda que le quedaba, dejándola desnuda y deseosa sobre mí cama. Pasé mí lengua por toda su vagina, hasta llegar a su traserito, me detuve en su clítoris, metí mí lengua en lo más profundo de su ser, bese su alma... Con mí lengua logré que llegue a su segundo orgasmo, mucho más intenso que el anterior. -Ahora me toca a mí- dijo incorporándose, tirándome a mí sobre la cama, bajó mis pantalones, dejando mí pene fuera, el cual ya estaba muy duro. Lo aferró en sus manos, subiendo y bajando lentamente. Paró para dejar caer un pequeño hilo de saliva desde su boca, esparciéndola sobre mí pene con sus manos, aumentado mí placer, dejándolo muy brilloso. Introdujo su cabeza en su boca, lamiendo mí glande dulcemente, haciendo círculos con su lengua. Entre jadeos, rocé sus cabellos con mis dedos, como señal para que ...