1. La Mirilla


    Fecha: 20/08/2018, Categorías: Voyerismo Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... esperando a poder verla desde mi escondite. Por fin se levantó, pregunto por el aseo, y me ofrecí amable a enseñárselo, la acompañé y ni decir tiene que tan pronto cerró la puerta, corrí al cuarto de al lado. La verdad es que la visión de esa preciosidad subida en esos taconazos, levantándose el vestido, con dificultad, era muy ajustado, mostrándome las piernas poco a poco, me estaba excitando muchísimo, cuando llegó a medio muslo, pude observar que llevaba medias y no pantys, ufffffff; aquello me parecía un sueño, el elástico de encaje que sujetaba las medias, muy ancho, como de encaje, era muy sexy, y los muslos blancos donde terminaban las piernas, eran una maravilla. Ya estaba con la polla fuera, más grande que nunca, moviéndola con mucha fuerza, como si me la estuviera follando, a golpes, como si entrara en su coñito, mojándola con saliva, como si fueran sus jugos vaginales. Unas braguitas negras, también de encaje, fueron bajando por sus piernas acompañadas del movimiento de sus caderas, y mmmmmmm, estaba totalmente depilada, cuando se sentó en la taza, subida en esos tacones tan altos, su coñito quedó totalmente frente a mí, y pude contemplar sus labios sobresaliendo un poco y cómo los separaba con los dedos de una mano al orinar, supuse que para no mancharse, la visión de aquel espectáculo me hizo darle con mas rabia a mi enorme polla hasta correrme como una fuente, ni que decir tiene que necesité varios pañuelos de papel para limpiarme bien. Cuando terminó, para mi ...
    ... sorpresa pude ver que se quitaba las braguitas del todo y las guardaba en un pequeño bolso que llevaba, me dejó intrigado. Dejé que se sentara para llegar poco después con una excusa, la cena seguía muy animada, y la charla estaba entretenida, pero yo no tenía ojos nada más que para ella, bueno y el ejecutivo que le lanzaba miradas a los ojos y a las piernas sin cesar que ella notaba y le devolvía con sonrisas cómplices. Para mi sorpresa vi como él deslizaba su mano por las rodillas de ella, con mucho disimulo, y subía por sus muslos, ella solo reía y seguía la conversación disimulando; con la excusa de un tenedor caído, observé por debajo de la mesa como ella estaba con las piernas abiertas, con su coñito al aire, y la mano de él rozándolo de medio lado; ella me lanzó una mirada cómplice, dándose cuenta de que la había descubierto, la cena terminó y siguieron con el champán largo rato, la conversación estaba muy animada por los efectos del alcohol de las numerosas copas que todos tomábamos. Ella no hacía más que mirarme, como interrogándose sobre lo que sabía y lo que pudiera hacer; volvió a ir al aseo, al que gentilmente me ofrecí a acompañarla, al llegar a la puerta se acercó y me dijo que esperaba que no le contara a nadie lo que había visto y menos a su marido, que se dejaba tocar por el ejecutivo porque así mantenía a su marido en el puesto y la cosa no llegaba nada más que a algunos sobeteos en algunas ocasiones. Pues me parece que tú le sigues la corriente, le dije, ...