1. Mi historia con Abril II: Acercamiento.


    Fecha: 05/09/2018, Categorías: Fetichismo Autor: joshsanz, Fuente: RelatosEróticos

    ... ¡Finalmente! El simple aroma del lugar me causaba ya mucho morbo. No estaba tan ordenado como la última vez, parecía que había tenido alguna reunión con amigos, o algo por el estilo. Había restos de comida nada más entrar, en la mesa de centro, junto a unos cuántos vasos, varios de ellos aún con soda. Los cojines del sillón estaban desordenados: uno en el suelo, otro fuera de su lugar. Al fondo, después de la columna blanca que se encontraba en el centro, en el comedor, las cosas también estaban algo cambiadas; las sillas estaban salidas y restos de la cena aún se percibían en los platos. ¡Seguramente se habían divertido estos muchachos! Avancé lentamente y comencé a husmear en la sala; habían visto algunas películas y fumado un poco. Estaba conociendo algo nuevo de Abril. Levanté el cojín y mi corazón se aceleró. Debajo había un par de esos flip flops que las jovencitas utilizan mucho en verano; eran de color blanco y tenían marcada perfectamente la huella de un pie femenino. ¡Realmente amo esas cosas! Las chicas caminan por ahí calzándolos; al final del día, cuándo se los quitan después de haberlos usado bajo el sol, huelen delicioso. Y en efecto: después de levantar uno de esos y llevarlo a mi nariz, pude percibir el aroma fuerte y peculiar de esas patitas sudadas. Así estuve unos minutos mientras me masturbaba, imaginando cómo Abril los había usado y cómo lucirían sus deditos con ellos. Lamí el izquierdo en donde terminaba el arco y apoyaba, ese sabor salado, ...
    ... agridulce, amargo, no sé cómo definirlo, me inundó el paladar. Cuándo me di cuenta los había dejado bien limpios; había lamido todo rastro de esas delicadas huellas. Me preocupé, quizá lo notaría. Los puse en el suelo y coloqué el cojín sobre ellos, como si nada hubiese ocurrido y me levanté del sillón. Recorrí el comedor, cureoseando, cualquier cosa que involucrase a Abril me llenaba el pecho de interés. Dancé alrededor de la columna y me dirigí hacia su habitación por el único pasillo, a la derecha. Al fondo se encontraba la puerta del baño y a la izquierda de este, la de su alcoba. Estaba cerrada; giré la perilla y me topé con más desorden: la cama estaba deshecha y algunas prendas en el suelo indicaban que quizá a la inquilina se le había hecho tarde y se había cambiado rápidamente. Una pijama gris, unos calentadores morados, todo estaba tan distinto a la ultima vez. Me acerqué a su almohada y de nuevo me tumbé a aspirar el olor de sus cabellos. Afortunadamente me topé con un par en la cama y los guardé en la bolsa de mi camisa. No había mucho que hacer en la habitación y decidí que era hora de entrar al baño. Acomodé las cosas que había movido y me dirigí directo y sin escalas. Al abrir la puerta me topé nuevamente con una toalla colgada en un gancho y con una prenda intima debajo, ¡pero cuál sería mi sorpresa esta vez! La prenda era una atrevida tanga negra de hilo. Cuidadosamente la descolgué y la llevé a mi nariz después de extenderla y apreciarla. Estaba todavía con algunas ...