1. El viejo conserje y la muy inocente universitaria. (primera parte)


    Fecha: 17/09/2018, Categorías: Dominación Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... pensaba empezar de manera inmediata, iba a conseguir lo que yo quería de esa nenita, y no iba a esperar mucho, no iba a llegar ni si quiera a la portería ni a mi apartamento sin empezar a llevarme ya, desde ese mismo instante mi primera recompensa, iba a empezar a disfrutar de ella inmediatamente. Así que cogiéndola del brazo la atraje hacia mí, poniéndola justo delante de mía, pegando su cuerpo completamente al mío, y dejando su culo a la altura de mí ya más que dura y empalmada polla, cogiéndola de las caderas, la apreté contra mi paquete, lo hice como pude ya que mi oronda barriga hacía que esa tarea fuera difícil, pero aun así, lo conseguí. Ella lo notó y trató de echarse hacia un lado, pero en ese instante, apreté más fuerte aun si cabe, mis manos en sus caderas y apreté su lindo culo a mi polla con más fuerza aún que instantes antes, notando como ella se ponía extremadamente nerviosa por lo que estaba pasando, a lo que acercando mi cara a su oreja, le susurré muy despacio al oído, con tono desafiante y dominante al mismo tiempo. Sebas- En tus manos está que yo pague la deuda que tenéis, así que si no me obedeces en todo lo que te ordene, os echaran de aquí y os tendréis que ir a vivir a la calle. Dime nenita, ¿vas a obedecerme en todo lo que te diga? ¿Vas a obedecerme tal y como te ha dicho tu madre que hagas en cualquier cosa que yo te ordene siempre y sin preguntar ni rechistar en nada?? Hubo unos segundos de pausa, mientras se disponía a contestarme, yo apretaba ...
    ... cada vez más mi polla contra su exquisito y durísimo culo, metiéndola entre sus dos cachetes, a través del corto pantalón de su pijama, disfrutando cada segundo de aquel momento. Metía también una de mis manos por debajo de su camiseta hasta llegar a uno de sus pechos, duros, jóvenes pero ya de buen tamaño, apretándolo con todas mis fuerzas, pellizcando su pezón con fuerza, a lo que ella hizo una muesca al sentir el dolor que le estaba provocando. Instantes después, una voz muy bajita que casi no salía de su cuerpo dijo: Clara- Si don Sebastián, así lo haré no se preocupe. Haré cualquier cosa que me ordene. Mientras hablaba, percibía sus lágrimas entre su entrecortada voz, pero en mi interior no podía sentirme más satisfecho de lo que estaba consiguiendo. Además todo era de manera consentida, tanto por ella como por su madre que fue la que le ordenó hacerlo. En ese momento el ascensor llego. Era un ascensor antiguo, de los que tienes que abrir la puerta tú y luego dos puertas abatibles y también debes cerrarlas, pequeño y que daba muchos problemas. Abrí la puerta, y entramos dentro, más bien, la empujé hacia dentro, empotrándola contra la pared del ascensor. Introduje la llave maestra que baja directamente hasta el apartamento que estaba debajo de la portería, sin parar en ningún piso. El ascensor paraba en el piso inferior al bajo, que era donde estaba mi vivienda y a esa zona nadie podía acceder, solo yo, y si yo usaba esa llave, el ascensor solo bajaba hasta mi planta, más ...
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