1. (14-B) Los amores de Ana Etxeberría


    Fecha: 11/10/2018, Categorías: Grandes Series, Microrelatos, Autor: Mister Neron, Fuente: CuentoRelatos

    20 La vida es burlona y como decía el dramaturgo William Shakespeare en realidad somos actores de un mero teatro guionizado. Al menos es lo que pensó el inspector Balaguer al ver entrar por la puerta de su despacho a Virginia Antequerana, la secretaria del jefe inspector o lo que es lo mismo, la muñequita preciosa de la comisaría, con sus minifaldas ceñidas, su encanto femenino y armada con la suficiente belleza como para volver loco a más de uno. Joder, hoy hacía calor y llevaba una blusa escotada. ¿No se daba cuenta o es que iba provocando al personal? Encima tenía dos buenas razones en forma de tetas firmes para ser violada contra la mesa. Al inspector Balaguer le entró sudores tras tantos vídeos pornos de Irene y Ana. Las muy putas les puso más empalmado que el palo de un gallinero. Intentó recapacitar. ¿Qué le estaba pasando? Él no era así. Esa zorra de Ana parecía tenerle dominado. -Hola, César. El jefe quiere verte –se apoyó Virginia en la mesa y notándose más aún sus tetas bajo el cuello. El inspector Balaguer no quiso mirar y a duras penas lo logró-. ¿Me escuchas? -Claro. -A ver, ¿qué te he dicho? -Algo del jefe. -¿Estás bien? Te noto enrojecido. ¿Te sienta mal este calor? -Muy mal. Ahora Virginia se lio un rizo de pelo en un dedo. ¿Qué pretendía? -¿Necesitas algo? ¿Te traigo un té helado? Puedo ir a la máquina de los refrescos. -¡Fóllame! –escuchó el inspector Balaguer la voz de Ana. -¿Qué has dicho? –miró el inspector Balaguer a la secretaria con cara de ... bofetada. -¿Que si necesitas algo? Un té helado te vendrá muy bien. -No, lo de luego. -¿Luego? No he dicho nada luego. César, creo que tanto trabajo en la oficina te grilla la cabeza. No deberías irte tan tarde a casa. -No, has dicho “fóllame”. -¿Cómo dices? El inspector Balaguer se levantó del asiento y rodeó la mesa para colocarse junto a Virginia. -César, tienes mala cara. -Pues tú tienes un aspecto precioso. -Oh, gracias. -¿No tienes sofoco? –se quitó el inspector Balaguer la corbata ahogante. -No, yo estoy bien. -Ya lo creo que estás bien –se relamió. -César, necesitas unas vacaciones urgentes. -Y tú necesitas una buena polla entre tus piernas –la agarró de las caderas y la empujó contra la mesa. -César, ¿qué haces? -Esto –se bajó los pantalones y el bóxer con su verga como nunca de dura. -Por favor, para… Sin hacer caso, el inspector Balaguer metió las manos bajo su minifalda y de un tirón la arrancó las bragas. -¡No! ¡Para! -Saca el culo, joder… -Me haces daño. La cara de Virginia se transformó en la de Ana a ojos del inspector Balaguer. -Vamos, poli duro, dispara con tu pistolón. El culo. Las caderas. El pelo. Era ella. Ana. ¿Era una visión o un efecto de la lipotimia? -Venga, joder, ¿a qué esperas, coño? ¡Ábreme en dos! –exigió Ana. El inspector Balaguer pegó una embestida pélvica y todo eso entró de una sentada. -¡Ahhhh, coño! –sufrió Ana con gusto. La agarró de las tetas desde atrás mientras vaivenía con la cadera. -Eres mi campeón, poli duro. No me decepciones y fóllame ...
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