1. Otro domingo gris


    Fecha: 27/01/2019, Categorías: Confesiones Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    Es un domingo lluvioso y húmedo. No sé por qué, pero en estos días me siento particularmente deprimido, como si la soledad se intensificara en estas tardes grises. Mis pensamientos deberían estar enfocados en los ejercicios de matemáticas que veo, a un costado, sobre el cuaderno abierto. Debería hacerme cargo de la decisión de empezar la universidad a los treinta años, pero luego de una hora de resolver problemas, mi consciencia está medianamente satisfecha, así que me decido a perder el tiempo en uno de mis hobbies preferidos: La porno escritura. Mi acercamiento a la escritura empezó hace unos siete años, cuando, en mis largas jornadas de trabajo nocturno, careciendo de otros medios de entretenimiento, comencé a llevar libros para pasar la noche. Pronto me enamoré de la literatura, y ese amor se tradujo en el deseo de emular a mis héroes literarios, creando mis propias historias y personajes. Los primeros intentos fueron patéticos, pero alguien me recomendó un taller literario, y así, muy despacito, fui moldeando mi estilo. No es que me crea muy bueno, al menos no comparado con los escritores profesionales. Pero lo importante de la escritura es poder plasmar los pensamientos y deseos en un montón de palabras, y eso, más o menos, sé hacerlo. Por su parte, mi relación con la pornografía nació mucho antes. Como todos los niños, una vez que descubrí que mi pirulín se paraba con determinados estímulos, sentí la necesidad de conocer más sobre el sexo. Como todos saben, en esos ...
    ... tiempos no había internet, y tampoco estábamos inundados de información. Ver una mujer desnuda no estaba a un clic de distancia, por lo que teníamos que ser un poco más rebuscados. En mi caso, a mis doce años, todavía no tenía aquellos amigos que aparecerían un poco después, y que me enseñarían sobre sexo, a través de revistas, e historias fantasiosas. A esa edad sólo tenía algunas películas, con escenas eróticas, que no mostraban mucho, pero que me hacían poner más duro que una roca. A veces, cuando quedaba sólo en casa, pasaba horas haciendo zapping, esperando encontrar, por casualidad, una escena de sexo. A esa edad también estaba la Srta. Miriam, mi maestra de séptimo grado, y la mujer que más me calentó en la vida. Era rubia, petisa, culona, y por la escuela corría el rumor de que era bastante puta, y que le gustaba la pija más que dar clases. De hecho, muchos años después me enteré de que la habían echado porque se cogía al profesor de educación física, y la esposa de este, descubriendo las fotos que se sacaban mientras garchaban, fue a la escuela a hacer un escándalo. En esa época, con mis compañeros teníamos la fantasía de que a Miriam le gustaban los pendejos. Esto no tenía fundamentos concretos, pero la personalidad de Miriam y la actitud con algunos alumnos más grandes nos hacían pensar que era cierto. Había un chico de un grado más que nosotros, que solía ir a saludarla, y a veces le hacía masajes en los hombros. Desde atrás, por supuesto, apoyaba su pene precoz ...
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