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Educando a las caseras (I)
Fecha: 20/03/2024, Categorías: Grandes Series, Autor: Relatos, Fuente: CuentoRelatos
Hola, antes que nada, decir que uso esta categoría ya que mi idea es que dure muchos capítulos. Estoy intentando probar cosas nuevas y usar diferentes estilos de escritura, cualquier sugerencia es bienvenida en mi correo. Poco más que decir, espero que os guste. Knock knock knock Ya estaba otra vez Rubén llamando a la puerta de enfrente. –Tío, eres muy pesado. –No soy pesado, solo soy una persona que está intentando concentrarse en su casa, pero sus vecinas no dejan de hacer ruido. Solo pido que bajéis la tele un poco. –Mira, has venido hace media hora, nos has pedido lo mismo, la hemos bajado y ahora estás de nuevo aquí. –No creo que la hayas bajado. –Déjame en paz anda. – Una mano se interpuso en el umbral de la puerta, para que no se pueda cerrar. – ¿Se puede saber qué haces? –No quiero volver a venir. –Te voy a decir una cosa, recuerda que antes que tus vecinas, somos tus caseras, así que, si no quieres que en menos de una hora estés de patitas en la calle, te recomiendo que no me toques más el coño. La puerta se cerró en las narices de Rubén, que maldecía frente a la madera. Dichoso el día que decidió mudarse del centro de la ciudad a un barrio más pequeño, solo para alejarse de los ruidos frecuentes de los coches y las personas. Lo que no iba a saber es que al mudarse a un sitio tranquilo, iba a encontrarse con que sus caseras vivían enfrente y no es que fuesen muy silenciosas. Rubén dio media vuelta para entrar en su casa y cerrar la ...
... puerta con un portazo, no soportaba los ruidos, principalmente porque él era una persona tranquila, reservada. A sus 28 años llevaba fuera de casa diez años, ya se había acostumbrado a su forma de vida, hasta que en un momento de crisis, su empresa decidió prescindir de él y despedirle. Decidió cambiarse de ciudad y empezar de cero, saliendo de su zona de confort. Físicamente era una persona promedio: 1,80 m, pelo corto, moreno, con los ojos marrones. Iba al gimnasio, no para ponerse como un armario, sino para mantenerse en forma. Por ello, tenía músculos, pero no estaban definidos ni tonificados. Antes tenía la casa para ir a dormir únicamente, pero desde que fue despedido, pasaba más tiempo del que le gustaría entre esas paredes. Se tiró en el sofá a ver una serie de Netflix, mientras escuchaba perfectamente lo que veían sus vecinas. Dos gemelas insoportables de 27 años que tenían dinero por ser hijas de papá y creídas a más no poder. Por lo que Rubén sabía, siempre han estado juntas y decidieron montar su negocio en este barrio, obviamente financiado por su padre, una pequeña tienda de zapatos. Compraron dos pisos, uno enfrente del otro, uno para cada una, pero al tiempo empezaron a alquilar uno de ellos para así llevarse un dinero extra. Knock knock knock ¿Quién llama ahora? Pensó Rubén mientras se dirigía a la puerta. Abrió y se encontró a una chica justo enfrente. Más bajita que él, pelo moreno liso sobre los hombros, con unos ojos color café, labios finos ...