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Después de la cárcel
Fecha: 27/03/2024, Categorías: Relatos Cortos, Autor: Roberto Fernand, Fuente: CuentoRelatos
Después de pasar cuatro años en la cárcel por robo, Eduardo finalmente salió y por supuesto allí estaba su madre para recibirlo. Ella había sufrido mucho con esta situación porque tuvo que hacerse cargo no solo de su casa, sino de hacerle llegar dinero a su hijo para los gastos (cigarrillos, ropa, comidas) siendo ella solo una empleada. Tal es así que no pudo seguir pagando el alquiler de la casita donde vivían, y tuvo que mudarse a un pequeño apartamento de treinta metros cuadrados, una cama, una mesa, un ropero, un baño y una cocina. Abrazo a su hijo y le hizo prometer que esta situación no se iba a repetir. Que iba a buscar un trabajo honorable y no volvería a juntarse con los que lo habían llevado por mal camino. El aceptó muy emocionado. La había pasado muy mal y no quería volver allí. Era tarde y llovía, tuvieron un viaje bastante largo. Llegaron empapados. Eduardo se sorprendió al ver el apartamento. Era muy pequeño para dos, ni siquiera la cama era doble, era de una plaza y media. Sería muy incómodo para ambos. Ella le respondió que cuando el consiguiera trabajo, buscarían algo mejor y más grande. Por ahora, solo podía pagar eso. Le dijo a Eduardo que se duchara con agua caliente por la mojadura, el se quitó la ropa dándole la espalda y se metió en el pequeño baño. Al finalizar se dio cuenta que no tenía toallón, así que llamó a su madre quien le trajo uno y le ...
... ayudó a secarse. Ella ya se había cambiado y estaba con una especie de enagua o camisón, sin corpiño. Mientras lo secaba, Eduardo no dejaba de mirarle los pechos desde arriba. Hacía mas de cuatro años que no veía ni tocaba a una mujer. Inconscientemente se excitó y se le endureció el pene. La madre enseguida se dio cuenta, así que le dejó el toallón sobre los hombros y salió del baño. Había preparado una cena especial de bienvenida con un rico vino. Estuvieron charlando hasta tarde, cuando decidieron ir a dormir. Eduardo solo tenía puestos unos calzoncillos, el resto de su ropa había sido puesta en el lavarropas. Cuando se acostaron, se animó y le dijo a su madre: -Hace cuatro años que no toco a una mujer, tengo necesidad de alguna, ¿tendrás dinero para eso? -apenas tenemos para comer... -contestó la madre. -¿Como voy a hacer mamá? Ella pensó un minuto, recordó lo del baño y le dijo: -¡¡Ven al baño!! Lo paró frente a la pileta de lavarse, mirando al espejo, y desde detrás, le puso la mano en el pene que enseguida se endureció. Comenzó a masturbarlo, firme y suavemente a la vez. Él no la veía, ella estaba detrás suyo, pero sentía su cabeza en la espalda y su delicada mano en el pene. En poco tiempo terminó eyaculando dentro de la pileta. Ella lo abrazó y le dio un beso en la espalda. Le dijo: -No puedes quejarte de tu madre. Espero haberte ayudado.
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