1. A escondidas con Malena, la psicopedagoga con bastones


    Fecha: 10/04/2024, Categorías: Sexualidad, Autor: ghesuita, Fuente: CuentoRelatos

    ... te escribo luego -comenta la psicopedagoga y finaliza la comunicación. La cara incrédula y picara de mi compañera me tranquiliza. Traba la puerta- susurra.
    
    Lo hago, subo la radio y vuelvo al escritorio; la abrazo de atrás, ella sentada, comienzo a besar el cuello frutalmente aromatizado y a morder la boca roja y carnosa. Mis manos acarician senos erectos y mi dedos alcanzan la vagina. Todo es rosa y perfumado, cada vez más húmedo. Malena se acuesta sobre la mesa y entonces subo la pollera, bajo braga y de a poco y dulcemente la penetro desde atrás. La vagina se estrecha lo cual hace más placentero todo. Su cuello, su torso, todo es frágil y bien proporcionado; me dejó ir, ella gira la cabeza y veo su pupilas dilatadas, la boca deformada de ricura. Me incorporo y me acomodo la vestimenta; tras el episodio erótico recobro conciencia que estoy en el trabajo.
    
    Pero la oficina está pegada a la entrada del colegio y es imperceptible; nadie nunca se detiene apurado por llegar a tiempo o escapar temprano: la puerta de hierro ciega es parte del canal de circulación. Sonreímos pícaramente y casi no hablamos, volvemos al trabajo; el resto de la semana daré clases y no tendremos contacto.
    
    Es lunes, me acerco y susurro a mi compañera, pregunto tibiamente por qué me bloqueó de whatsapp -soy casada suspira -veo sus dedos y confirmó que solo hay anillos y no alianzas.
    
    -Pero está todo ok, a mi me sirve lo que hicimos y si a vos te hace bien, no hay problema. Comprende que ir a un ...
    ... telo es imposible, yo con los bastones canadienses, cualquiera me reconoce. Le doy la razón con la mirada.
    
    Hay ratos que largamos todo y nos besamos apasionadamente para luego volver a nuestras tareas con indiferencia. Sus labios carnosos y rojos se complementan bien con la lengua. No puedo dejar de besarte -digo y ella sonríe mordiéndose los labios para taparse la boca con la palma de la mano. Cuando se vacía la planta baja, mi compañera se acerca a mi escritorio, deja los bastones de lado y se recuesta sobre mi regazo, enseguida abre la cremallera y yo ya estoy volando. Gime, me mira a los ojos, lame, me vuelve a mirar con verdor y sigue chupando y succionando. Traga y escupe en una servilleta, me limpia, se acomoda y sale para su casa.
    
    Es martes y Malena llega quince minutos tarde, jornada docente y la acción se produce en el tercer piso. Me saluda con un beso y me pide que la acompañe a la biblioteca. Está ataviada con un bolso que cuelga de un bastón. Lo tomo y avanzamos, yo sigo sus desplazamientos con calma. Atravesamos la puerta. Cierro y trabó. Cuando Malena se quita el abrigo descubro que bajo su polera no hay sostén, sus pezones resaltan y bailan sobre la tela. Le quito la prenda, es la primera vez que veo su torso desnudo, distingo una bandada de lunares que rodean su pezón derecho, totalmente ciruela y erecto. Nos besamos y pollera afuera. Sus piernas están rígidas pero no distróficas.
    
    Ella se recuesta en el sillón, acomoda las piernas las cuales sostiene ...