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Depa en renta
Fecha: 17/09/2024, Categorías: Control Mental, Autor: Charlie Steele, Fuente: TodoRelatos
El seguro de la puerta de aquel departamento empezó a hacer un sonido que indicaba que alguien estaba comenzando a abrirla. Efectivamente, la puerta se abrió y por esta apareció un hombre ya entrado en años, un poco gordo y con la frente casi hasta la coronilla. Entró en el departamento y detrás de él, cargando unas mochilas, ingresaron dos muchachas que en cualquier otro escenario, se vería raro que estuvieran con alguien como él. Una era una muchacha de cabello pelirrojo rizado que le llegaba hasta la cintura, de ojos color avellana y la cara poblada de pecas. La otra, era una chica rubia de cabello corto, flaquita y de piel blanca, con unos preciosos ojos azules enmarcados detrás de unos lentes de pasta gruesa, lo que ayudaba a aumentar su apariencia de una chica bastante tímida. Mientras las dos muchachas miraban el departamento, el hombre habló: —Y bueno chicas, aquí estamos en el departamento, ¿qué les parece? Las dos muchachas empezaron a ver el departamento, vaya que era pequeño: Tenía una sala pequeña con un par de sillones en él y la tele sobre una mesita, más adelante estaba una cocineta con los instrumentos necesarios para hacer de comer y una pequeña mesa con dos sillas y a la derecha, un… ¿cuarto? Donde estaba una cama, un closet y una puerta que claramente llevaba al baño. Las chicas miraron al hombre de escasa cabellera que todavía esperaba una respuesta. —Bueno señor Rubén… —comenzó la chica rubia, pero de inmediato la pelirroja le ...
... interrumpió. —¡Está más que perfecto! ¡Lo tomamos! La rubia solo le quedó por quedarse en silencio mientras que la pelirroja y el señor Rubén terminaban de cerrar el trato y tras acabar, firmaron un documento y la chica le pasó un billete de doscientos pesos y tras cerrar el trato, le pasó las llaves del departamento y con una sonrisa y una inclinación de la cabeza, salió del departamento dejando solas al fin a las dos chicas. Una vez que se quedaron a solas en la habitación, la pelirroja se giró a ver a su compañera y la vio contrariada. —¿Qué? —preguntó la pelirroja como quién acaba de hacer una travesura. La rubia suspiró antes de responder: —Ay Zaira, ¿por qué aceptaste el trato tan pronto? Pero Zaira, en lugar de sentirse mal por lo que le recriminaban, más bien parecía confundida de que no vieran su punto. —¿Pero de qué hablas Nicole? —preguntó Zaira con una gran sonrisa—. ¡Este lugar está genial! Tiene todo lo necesario, está bien ubicado y por sobre todo, está estúpidamente barato. Un lugar como este por doscientos pesos, en ningún lugar. —Quizá un hostal —dijo Nicole. —Nah, y que una bola de hippies quieran ligarnos, mejor aquí con nuestra privacidad. Nicole suspiró. Ella y Zaira eran amigas casi desde toda la vida y ahora que acababan de cumplir la mayoría de edad, habían decidido hacer un viaje a la playa solo ellas dos para antes de entrar a la universidad. Juntaron todo el dinero que pudieron, pero para un viaje como el que ellas ...