1. La Isla Evanescente 25


    Fecha: 27/10/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    XXV
    
    Había llegado el momento. La embajada del rey Egsum, había dicho que era el rey el que debía pronunciarse, pero no por ello dejó de señalar las múltiples irregularidades que Olmer había cometido y se mostraron escépticos a la hora de aceptar la promesa de la joven de que pagaría la deuda del antiguo barón, aunque no fuese su responsabilidad.
    
    Zananda escuchó aquel dictamen impasible, rodeada por sus sirvientes y secretarios. Pronto toda la baronía estuvo al tanto de el resultado de aquella visita y de nuevo los habitantes volvieron a sumirse en un ambiente depresivo. El gobierno de aquella exótica joven había durado poco. Pronto volvería un extranjero brutal en insensible, solo concentrado en exprimir a sus súbditos hasta el borde de la miseria.
    
    Durante los siguientes quince días, apenas se dejó ver, dejando que en los Callanoritas fuese calando la rabia y la desesperanza y cuando finalmente se apareció sabía que sus súbditos estaban preparados para seguirla a un empresa que no tenía vuelta atrás.
    
    Salió del castillo con un tiempo primaveral y se acercó caminando hacia la villa, apenas escoltada por dos de los mejores hombres de su guardia. Era día de mercado. Los puestos, como siempre, rebosaban de exóticas mercancías, pero la gente pasaba frente a ellos y los miraba con aire ausente. Pocos se acercaban a preguntar el precio de algún producto y menos personas aun llegaban a adquirirlo.
    
    Entre aquel ambiente de desesperación, su sonrisa confiada fue como ...
    ... un bálsamo. Se acercó a los puestos, saludó a comerciantes y clientes y anunció que al día siguiente quería hacer una declaración y que todo hombre, mujer y niño de la baronía debería presentarse en el patio del castillo a mediodía. La gente la miraba y murmuraba, preguntándose qué podría hacer aquella mujer por ellos. Ella se limitó a sonreír sin adelantar el contenido de su discurso mientras se limitaba a pedirles que tuviesen paciencia y que difundiesen la noticia para que la máxima cantidad de gente acudiese a la reunión.
    
    ***
    
    El día amaneció oscuro. Unas nubes amenazadoras, preñadas de humedad se arremolinaban en torno a los picos de las montañas, rodeando el valle como un ejército dispuesto a dejarse caer sobre la llanura y desatar sobre ella su violencia.
    
    Aun así, casi todos los habitantes de la baronía estaban presentes cuando se asomó al balcón que se cernía unos veinte metros por encima del patio de armas. La gente la miraba expectante como esperando un milagro, aunque no muy convencida. Entre los presentes no estaba Goombert. Por lo que había podido averiguar, había liquidado todas sus posesiones en el valle y se había ido en dirección a la costa. Un chispazo de culpabilidad la asaltaba cada vez que pensaba en aquel buen hombre. Sinceramente desesaba que encontrase a una mujer que realmente le mereciese. Si es que no había logrado que las odiase por el resto de su vida.
    
    Se presentó con una sencilla túnica blanca bordada en plata, sin maquillaje ni otro ...
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