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Viaje astral
Fecha: 14/12/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: LeslieUnik, Fuente: CuentoRelatos
... acariciarlo. Él volvió a pulsar. —¿No crees que Gabriel esté mejor dotado que tú? Quizás tengas razón, pues no recuerdo haberte visto como estás ahora mismo —dije al reconocer que esa noche mi pene se veía realmente impresionante. Con dos pulsaciones más mi miembro respondió de forma altanera, no tener miedo de batirse en duelo con cualquier cosa que Gabriel pudiera tener en medio de las piernas. —Si tú lo dices —dije concediendo a mi miembro eso último—. Pero entonces, ¿qué quieres hacer? Sin dudarlo mi miembro me confesó que deseaba seguir disfrutando con las imágenes de Leslie teniendo sexo con el guía de turistas; pulsando repetidamente en dirección a la guantera enfrente del asiento del copiloto, donde se encontraba guardado el tubérculo alucinógeno. —De acuerdo, pero después no me culpes si algo sale mal —concedí cediendo a sus deseos. Mi pene estaba a cargo esa noche; como la mayor parte del tiempo para todos los hombres. Abrí la guantera y extraje el fruto místico que hubimos traído como recuerdo de la Sierra Quemada. Yo no estaba muy convencido de sus propiedades mágicas, pero mi miembro si lo estaba, por lo que procedí a probarlo. Utilizando las uñas para tomar un pequeño gajo y llevármelo a la boca, masticándolo a pesar de su amargo sabor. Gracias al alcohol que aún corría por mis venas mi escepticismo había bajado considerablemente, por lo que de inmediato comencé a divagar. Sujeté mi miembro por el tallo y con delicadeza comencé a ...
... frotarlo, de abajo hacia arriba, de arriba a abajo, lentamente, mientras trataba de transportarnos mediante un viaje astral hacia la habitación del hotel; como nos hubiera enseñado aquel viejo chamán en la sierra quemada. Sumergido en un estado onírico pude verme a mi mismo dentro del auto, con los pantalones abajo acariciando mi pene con una mano y en la otra un trozo de peyote. Tal cual un omnisciente ser era capaz de verme a mí mismo dentro del coche desde cualquier ángulo de visión, sin que el metal de la carrocería o el techo representara obstáculo. Me sentía como un ingrávido fantasma. ¡No lo podía creer! Éste inesperado poder era justo lo que necesitaba en ese momento para ver lo que Leslie y Gabriel estaban haciendo en mi ausencia. Definitivamente tenía que agradecerle mucho a ese viejo chamán, al que de manera errónea en un principio considere un charlatán. Abandonando mi cuerpo en la oscuridad de la noche mi consciencia se dirigió hacia la entrada del hotel, flotando sobre la calle empedrada mientras era cegado por los faros de un coche muy similar al mío. “¡Mierda!”, pensé al reconocer tanto al chófer que conducía el coche como a la pareja que bajaba de éste. “Somos nosotros”. Al parecer las propiedades del tubérculo no se limitaban a permitirme abandonar mi cuerpo, también mi propio tiempo. El coche pasó bajo mi yo incorpóreo en lo que Leslie y Gabriel entraban al hotel, riendo divertidos. Tal parecían una pareja de enamorados por la forma en que el ...