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Intriga Lasciva - El Instituto [37]
Fecha: 31/12/2024, Categorías: Grandes Series, Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... pelotita entraba y salía de su culo, cada vez más rápido, Erika se masturbaba. Oscar no podía dejar de mirar el movimiento de esos dedos. Se acogotó la verga con fuerza, como si estuviera reteniéndola, para no cometer una locura. —Aún así, no creo que me lo permita. —¿Lo decís porque la tenés muy ancha? —Erika se dio vuelta y sacó la verga de su padre. Un miembro viril de buenas dimensiones, cuyo glande podría resultar un poco intimidante para una mujer virgen—. No pasa nada. Con la dilatación de la pelotita es más que suficiente. Sacó el juguete sexual de su culo y luego hizo algo que tomó por sorpresa a Oscar: se sentó sobre su verga. El tipo pudo sentir como su miembro se deslizaba suavemente por el lubricado orificio anal de su hija. De un solo sentón, Erika había conseguido introducirlo completo. Jamás imaginó que el primer culo que probaría sería el de ella. —¿Ves? No me duele nada. Ya lo tengo bien dilatado. Hasta se siente rico. Oscar pensó que Erika siempre fue una chica excéntrica, algo inocente y de ideas alocadas. Quizás ella ni siquiera estaba tomando dimensión de lo inapropiada de la situación. Tal vez solo quería ayudarlo a tener una relación sexual más intensa con su esposa, y solo a alguien tan especial como Erika se le ocurriría hacerlo de este modo. —¿De verdad no te dolió? —Preguntó Oscar tomando a su hija por la cintura. Estaba más nervioso que cuando tuvo su primera vez con Haydé. —No me duele nada. De verdad. Y para demostrarlo, ...
... Erika empezó a dar pequeños saltos, provocando una serie de penetraciones anales profundas y consecutivas. Oscar no pudo evitar notar lo bien que se sentía el interior del culo de su hija. La sensación en toda su verga era maravillosa, mejor que cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Perdió contacto con la realidad. Todos los años que llevaba fantaseando con probar un culo (uno tan lindo como el de su esposa… o el de Erika) lo llevaron a perder el control. Se puso de pie, levantando a su hija con extrema facilidad, y ella cayó de rodillas sobre el sillón en el que había estado sentada. Oscar, hecho un macho cabrío, empezó a darle duras embestidas a esas nalgas turgentes que rebotaban cuando sus muslos golpeaban contra ellas. —¡Ay, papi! No te emociones tanto… auch… ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! —Cada exclamación vino acompañada de un pijazo hasta lo más profundo de su culo—. Papi… sé que mi culo te recuerda al de mamá, pero… ¡Ay! ¡Ay! pero ¡Auch! ¡Dios, me estás pegando tremenda culeada! ¡Ay, qué fuerza que tenés! La propia Erika estaba entrando en un trance similar al de su padre, se estaba alejando de las inhibiciones de la realidad. Ella tenía un punto débil: cuando llegaba a cierto punto de excitación, ya no podía hacer nada. Se quedaba allí, embobada, con los ojos bizcos, la lengua afuera y la saliva chorreando por la comisura de sus labios. Cuando esto pasaba, se sentía como una de las chicas de esos mangas hentai que tanto le gusta leer. Había disfrutado de cientos ...